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4 enero, 2018

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Del Conocimiento Empírico, al Conocimiento Científico en Ciencias de la Salud

En los últimos siglos la sanidad ha virado de unas prácticas basadas en el conocimiento empírico, a unas prácticas basadas en el conocimiento científico en ciencias de la salud propiciadas por el desarrollo de Ensayos Clínicos Aleatorizados.

Echemos por un momento la vista atrás y recordemos cómo se recababa información hace unos pocos años, en los años 80 por ejemplo. Se acudía a las bibliotecas y se consultaba libros, revistas y cualquier texto relacionado. Todo en papel, todo manual. Las búsquedas de artículos científicos se realizaban a través de las índices y sumarios de las propias revistas, se recopilaban mediante fotocopias y todo este proceso se tornaba lento y farragoso. Las búsquedas eran imprecisas y muy laboriosas y mantenerse actualizado era también bastante difícil dadas las restricciones de acceso a material novedoso.

Actualmente este panorama ha cambiado por completo. La mayoría de las revistas científicas están digitalizadas y sus artículos se encuentran en bases de datos electrónicas a través de las cuales podemos realizar búsquedas eficaces de información desde prácticamente cualquier sitio. Internet ha contribuido a que la información fluya y nos llegue de manera instantánea. Además, la producción científica ha aumentado exponencialmente en las últimas décadas.

Este cambio de escenario ha supuesto que pasemos de un extremo a otro. Si hace unas décadas nuestra preocupación era hallar información, a día de hoy nuestra preocupación es ser capaces seleccionar esa información porque estamos inmersos en la denominada infoxicación (sobredosis de información).

Pero para llegar al cuerpo de conocimiento científico que tenemos hoy, la comunidad ha tenido que andar un largo camino que es interesante tener en cuenta para comprender e interiorizar la necesidad de trabajar con rigor científico.

El conocimiento empírico

Hagamos un mayor ejercicio de retrospección y pensemos en cómo se tomaban las decisiones antes del siglo XIX. Sabemos que en esa época las decisiones médicas se tomaban básicamente en base a:

  1. La tradición.  La información se transmitía de generación en generación, mezclándose con opiniones, valores y creencia. Esta información no se cuestionaba y se aceptaban como verdaderos sin necesidad de comprobación. En base a esta tradición se mantenían en el tiempo prácticas médicas que tenían más que ver con la superstición y la superchería que con la ciencia.
  2. La autoridad. Aquellas personas consideradas como autoridades emitían juicios sin ser cuestionados y estos también eran siempre considerados como verdaderos. A estas personas se les confería un poder de infalibilidad aunque sus capacidades se hubieran mermado (lo cual condujo a más de un desastre).
  3. Ensayo-error. Se trataba de ejecutar intentos sucesivos hasta dar con el resultado satisfactorio.

El empirismo predominaba en las decisiones que se tomaban en salud. Al empirismo también se le llama conocimiento “vulgar” o “popular” y se obtiene por azar, tras de innumerables tentativas cotidianas, siendo ametódico y asistemático. El conocimiento vulgar no es teórico sino práctico.

Avanzando hacia el Conocimiento Científico en Ciencias de la Salud

De este escenario se empezó a salir en el siglo XIX.  Sitúate en esta época y en Francia. Bajo la influencia de Broussais y de Bouillaud la práctica de la medicina atribuía las enfermedades a la inflamación o irritación de las vías digestivas y recomendaba el tratamiento con sangría en la pulmonía, la tuberculosis, la fiebre tifoidea, entre otros. Esto hoy en día sabemos que no es así y en esa época ya empezaron a aparecer voces críticas que discrepaban con este modo tentativo de hacer medicina.

A mediados del siglo XIX  Pierre  Alexander  Louis,  Bichot  y  Magendie  comenzaron a promocionar la “Médicine d’ Observation”  o Medicina de la Observación. Sostenían  como   fundamento   de   este   movimiento, que  los  médicos en su práctica asistencial  no debían   basarse   exclusivamente  en la   experiencia  personal  ni en  sus  apreciaciones   sobre  conductas  a  tomar ante determinada  enfermedad. Defendían que la práctica asistencial debía basarse en:

  • Resultados   de investigaciones.
  • Efectos beneficiosos.
  • Términos cuantificables.

Los postulados de Pierre Alexander Luis y sus colegas suponían un salto cualitativo hacia el conocimiento científico, pero el avance definitivo hacia este conocimiento científico sucedió en 1948 con la descripción del Ensayo Clínico Aleatorio, también conocido como ECA. Con su ensayo sobre la estreptomicina Sir Austin Bradford Hill que constituyó un hito para el  desarrollo del razonamiento biomédico, pues permitió  cuantificar la eficacia  real  y la seguridad de las intervenciones preventivas,  diagnósticas,    terapéuticas  y  pronósticas.

La descripción de los ECAs fue el punto de partida para el desarrollo de técnicas de estudio basado en problemas y análisis científicos basado en la estadística y la epidemiología.

Posteriormente, Archivald Cochrane publicó en 1972 su obra “Effectiveness and efficiency:  Randon  Reflextions  on  Health  Service”, en la cual resaltó  el  valor  de   usar   la   evidencia    de  los  ECA,  porque   aportan la  información  más confiable  para  las  intervenciones  médicas. Cochrane  falleció  en  1988 pero sus ideas  le  sobreviven y como prueba de ello tenemos que  en  1992 se  inauguró  el  primer Centro  Cochrane en  Oxford (Reino Unido)  y  en  1993  se fundó  la  Colaboración  Cochrane Internacional (dedicada a favorecer la elaboración y divulgación de revisiones sistemáticas).

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