Estamos en ese momento extraño del año: huele a Navidad, a cenas familiares, a reencuentros… pero también huele a nervios, a repaso, a simulacros que no salen como esperabas, a sueño interrumpido por pensamientos tipo “¿y si me quedo en blanco?” o “¿y si justo preguntan lo que no estudié?”.
Este es el mes final antes del EIR. Y lo vas a recordar toda tu vida.
Primero viene Navidad, con su tentación de aflojar un poco. Después Año Nuevo, con el peso de los propósitos y el miedo de no cumplirlos. Reyes, con esa pausa dulce que también remueve emociones. Y la clásica petición de al año nuevo le pido una plaza de residente….
Y luego, las dos semanas decisivas antes del examen, donde el calendario parece burlarse de ti: cada día que pasa, sientes que deberías saber más, sentirte más segura, más preparada.
Pero te voy a decir algo importante: no estás sola en esto. Esto que sientes —esa ansiedad punzante, ese cansancio acumulado, esas dudas— es parte del camino. Y no, no es que “no puedas con esto”. Es justo al revés: estás en este punto porque has podido con TODO lo anterior.
La ansiedad no es tu enemiga
La ansiedad aparece justo cuando algo nos importa profundamente. No viene porque vayas mal. Viene porque has invertido meses de esfuerzo, de tiempo, de renuncias, y ahora el corazón late más fuerte porque se acerca el momento de la verdad.
Pero recuerda esto: la ansiedad es miedo… pero también es deseo. Deseo de hacerlo bien, de lograrlo, de convertirte en la especialista que sabes que puedes ser. Cuando la veas venir, no la rechaces. Acéptala, escúchala y luego, decide seguir. Es tu cuerpo recordándote que esto es importante, pero tú decides cómo actuar. Dale la vuelta y conviértela en un aliado.
Vibra en la onda del gigante
Este mes está lleno de momentos clave. Microdecisiones. ¿Estudio o me tumbo? ¿Repaso o me dejo llevar por la ansiedad? ¿Me hablo con dureza o con compasión?
Cada una de esas elecciones es una oportunidad para vibrar en la onda del gigante. Esa que te hace crecer, que te acerca a quien quieres ser. No se trata de hacerlo perfecto (nadie vibra siempre arriba), pero sí de elegir más veces tu mejor versión. Y eso lo has estado haciendo desde el primer día que decidiste prepararte para el EIR.
¿Sabes por qué estás aquí? Porque ya eres una gigante. Porque la mayoría de la gente no llega hasta aquí. Porque ya has hecho lo que muy pocas enfermeras se atreven a hacer: apostar por su crecimiento profesional. No lo olvides.
El Ikigai que te trajo hasta aquí
Tal vez haya días que te preguntes: “¿Y si no vale la pena todo esto?”, “¿Y si no soy suficiente?”.
Para esos días, acuérdate de tu Ikigai, de ese punto donde se cruza lo que amas, lo que sabes hacer bien, lo que el mundo necesita y por lo que puedes recibir algo a cambio. Ahí está el motivo de este viaje. No estás estudiando solo para aprobar un examen, sino para construir una vida con propósito, con impacto, con sentido.
Esa motivación es más fuerte que cualquier duda.
Consejos prácticos para este último mes
- Ajusta tus expectativas. Este mes no es para aprenderlo todo. Es para consolidar, repasar, mantener la mente clara.
- Planifica tus descansos. Vas a tener días familiares, cenas, regalos. Disfrútalos sin culpa. Planifícalos. La clave está en la gestión, no en el aislamiento. Descansar es tan importante estratégicamente como estudiar.
- Visualiza el día del examen. Imagina cómo vas a entrar al aula, cómo respirarás profundo, cómo te enfocarás. Ensaya mentalmente la calma.
- Rodéate de buena energía. Aléjate de personas o entornos que solo siembran miedo. Este mes es para rodearte de quien te nutre, no de quien te drena.
- Respira. Baila. Llora si hace falta. No hay emociones buenas o malas. Todas son humanas. Pero no te quedes estancada en ninguna.
El 24 de enero no es el final: es el principio
Te lo prometo: lo más importante no será si aciertas la 112 o la 155. Lo más importante será saber que diste todo lo que estaba en tus manos. Que caminaste este proceso con dignidad, con esfuerzo, con pasión.
Y eso, pase lo que pase, te cambia la vida para siempre.
Así que, en este último mes, más que nunca: cree en ti, vibra alto, descansa bien, repasa con estrategia, y cuida tu energía como si fueras una atleta olímpica antes de la final. Porque lo eres.
Nos vemos en la meta. O mejor dicho… en tu nuevo comienzo.
Confia en ti, y recuerda, yo quiero, yo puedo y lo voy a conseguir.
