El volumen de distribución aparente es el cociente entre la cantidad de fármaco administrada y la concentración alcanzada en plasma. Se dice que es un volumen aparente ya que normalmente no se refiere a un volumen fisiológico identificable, sino al volumen necesario para contener todo el fármaco en el cuerpo a las mismas concentraciones que está presente en sangre o plasma.
Un volumen de distribución bajo, indica, por lo general, que el fármaco está fuertemente unido a proteínas y un volumen alto, lo contrario. Entre otras cosas, el volumen de distribución se utiliza en el cálculo de las dosis necesarias para alcanzar las concentraciones eficaces.
Por ejemplo, si sabemos que la concentración terapéutica de un fármaco son 5mg / L y que su volumen de distribución es de 130 litros, bastará multiplicar la concentración terapéutica por el volumen de distribución, para determinar la dosis inicial necesaria con la que se alcanzará la concentración eficaz, en este caso 650 mg.
Hay múltiples factores que pueden variar el volumen de distribución y por lo tanto hace necesario realizar ajustes en la dosificación, entre ellos podemos mencionar factores que alteren el volumen real (edemas, derrames, obesidad, etc.) o factores que alteren la unión a proteínas.
De manera teórica se establecen tres modelos generales de distribución de los fármacos:
- El modelo monocompartimental en el cual el fármaco se distribuye de forma rápida y uniforme por todo el organismo como si este estuviera formado por un único compartimento.
- El modelo bicompartimental en el que los fármacos que se administran por vía intravenosa, difunden con rapidez al compartimento central y con más lentitud al compartimento periférico.
- El modelo tricompartimental en el cual los fármacos se unen a determinados tejidos y son liberados lentamente.
La mayoría de los fármacos se distribuyen según el modelo bicompartimental. Los modelos de distribución, ayudan a entender la velocidad de acción de los fármacos, así, cuando el efecto se produce en el compartimento central hay un paralelismo entre la concentración sanguínea y los efectos, sin embargo, cuando el efecto se produce en el compartimento periférico hay una disociación entre las altas concentraciones plasmásticas y las bajas tisulares que ocasiona que los efectos sean más retardados.
