1. INTRODUCCIÓN
Internet nos ha abierto las puertas a un mundo de información, comunicación y participación, como nunca hasta ahora habíamos visto. La red ha ido evolucionando y, en estos momentos, los llamados ámbitos analógico y digital no conviven de forma independiente, sino que están cada vez más integrados, de manera que nuestra presencia digital juega un papel cada vez más importante.
La identidad digital, un concepto fundamental en este nuevo panorama, engloba la amalgama de datos, interacciones y huellas que dejamos en el ciberespacio a medida que navegamos, interactuamos y compartimos en plataformas digitales. Mucho más que simplemente un conjunto de información personal, la identidad digital ha emergido como una extensión integral de quienes somos, moldeada por nuestras acciones y reflejando nuestras relaciones en estos espacios.
La identidad digital se conforma como una capa que se superpone e integra en nuestra identidad ‘presencial’, formando una sola identidad que será expresada a través de diferentes canales. Además, el establecimiento de nuestra identidad digital es un proceso imparable y prácticamente irreversible, ya que como vamos a ver, no solo depende de la información que podamos añadir nosotros mismos, sino que se nutre de las aportaciones de otras personas. Esto quiere decir que, aunque no seamos conscientes de esta identidad digital, es muy probable que ya exista gracias a las aportaciones que otros usuarios hayan hecho sobre nosotros, etiquetándonos o mencionándonos en cualquiera de los formatos digitales que circulan por la red.
Desde la creación de perfiles en redes sociales hasta transacciones financieras en línea, la identidad digital se encuentra tejida en la tela misma de nuestras actividades diarias. Elementos como la privacidad, la seguridad, la autenticación y la reputación en línea son solo algunas de las facetas que componen esta identidad multifacética. A medida que las tecnologías continúan avanzando y la interconexión digital se profundiza, comprender y gestionar nuestra identidad en línea se ha vuelto un aspecto esencial para salvaguardar nuestra seguridad, privacidad y bienestar en el mundo virtual.
2. IDENTIDAD DIGITAL Y CONCEPTOS RELACIONADOS
Aunque hasta hace pocos años nuestra realidad digital se limitaba al uso que hacíamos de Internet con fines informativos o al envío de correo electrónico, lo cierto es que las cosas han cambiado y hoy en día no podríamos concebir nuestra existencia sin el uso de tecnologías digitales que implican la participación en espacios sociales.
De esta forma, nuestra presencia digital sigue creciendo y participamos cada vez más en los distintos espacios y redes sociales virtuales, dejando un pequeño rastro o huella en cada una de las interacciones que tenemos en estos entornos, de forma que si las sumáramos podríamos hacernos una idea bastante aproximada de cómo somos y cuáles son nuestras preferencias o intereses.
Pero, del mismo modo que nuestra impronta digital es cada día más fuerte, la realidad es que habitualmente no se ve correspondida con un aprendizaje en el manejo de estas tecnologías, por lo que resulta cada vez más importante que aprendamos a gestionar nuestra presencia digital y el uso que damos a estas herramientas.
La identidad digital no debería ser ignorada y se ha convertido en algo que hay que aprender a gestionar, porque de ello dependerá el buen uso que se haga de estas herramientas y la capacidad de desenvolverse con fluidez en el ecosistema de salud digital en el que de una u otra forma ya estamos participando.
3. RIESGOS ASOCIADOS A LA IDENTIDAD DIGITAL
Del mismo modo que Internet y las redes sociales nos ofrecen una capa extra de cercanía, comunicación y visibilidad, también comportan una serie de riesgos asociados, que pueden suponer problemas para nuestra identidad y reputación digital.
Nuestra vida está compuesta por tres esferas que se superponen entre sí, y que son la personal, profesional y privada, las cuales hasta hace poco teníamos bastante claro cómo las podíamos gestionar. Pero desde el mismo momento en hemos pasado al plano digital, tenemos que volver a aprender a gestionarlas, de tal manera que la esfera privada no acabe interfiriendo por error en la profesional.
Vamos a conocer cuáles son los riesgos más importantes que pueden afectar a nuestra presencia digital, y cuáles son las medidas que deberíamos adoptar para minimizarlos, y poder así seguir utilizando de forma segura estas herramientas.
4. CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD DIGITAL
Una vez que hemos definido lo que es la identidad digital y por qué es importante para los profesionales sanitarios, llega el momento de plantearse cómo debería ser su construcción y mantenimiento.
4.1. Monitorización de la identidad digital
El primero paso a la hora de establecer una identidad digital es el de la monitorización, que consiste en revisar qué es lo que pasa a nuestro alrededor y qué se está diciendo de nosotros en la red. De esta forma podremos analizar cómo es nuestra presencia digital actual y tener una base desde la que empezar a construir. Además, tendremos la posibilidad de adoptar medidas correctoras en caso necesario.
4.2. Construcción de la presencia digital
Cuando hablamos de construcción de identidad digital y reputación profesional, aparecen asociados otros conceptos, tales como marketing, branding y marca personal. En términos de empresa, el branding sería todo el proceso de análisis y descubrimiento de aquello en lo que se aporta valor, el marketing lo constituirían todas las acciones empleadas para darse a conocer, y finalmente el resultado de todo el proceso sería el establecimiento de una marca personal.
Esto trasladado al ámbito de la salud significa que, tanto otros profesionales como pacientes, podrán encontrarnos en Internet de forma más sencilla y sabrán cuál es el campo en el que somos expertos o nos conocerán por lo que nosotros queremos mostrar, lo que supondrá una mayor (o mejor) visibilidad profesional y más oportunidades de que otras personas puedan contactar con nosotros y entrar a formar parte de nuestra red.
Lo cual no quiere decir que obligatoriamente tengamos que optar por una visibilidad o exposición alta, sino que tenemos en nuestras manos la capacidad de elegir cómo queremos mostrarnos al mundo.
