Hablar de gestión enfermera debe ser hablar de ética en el ejercicio de la misma, es plenamente inconcebible que un gestor sanitario esté exento de ética tanto en su comportamiento como en sus acciones gestoras, y para centrar el tema deberemos conocer la definición de ética:
f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva. (RAE)
f. Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores. (RAE)
La ética es una rama de la filosofía que estudia y sistematiza los conceptos del bien y el mal, así como otros relacionados. Esta disciplina tiene como objetivo definir de forma racional qué constituye un acto bueno o virtuoso, independientemente de la cultura en la que se enmarque.
La ética tiene una íntima relación con la moral, tanto que incluso ambos ámbitos se confunden con bastante frecuencia. En la actualidad se han ido diversificando la Ética son el conjunto de normas que vienen del interior y la Moral las normas que vienen del exterior; es decir, de la sociedad.
La ética es la obligación efectiva del ser humano que lo debe llevar a su perfeccionamiento personal, el compromiso que se adquiere con uno mismo de ser siempre más persona; refiriéndose a una decisión interna y libre que no representa una simple aceptación de lo que otros piensan, dicen y hacen.
Los profesionales de la sanidad, principalmente los médicos, son tradicionalmente grandes defensores de la ética médica. La paradoja es que, con frecuencia el médico considera que estos principios éticos entran en conflicto con aspectos como la planificación sanitaria, la utilización eficiente de los recursos sanitarios, la priorización de actuaciones sobre la base de evidencias, etc. Esto hace que, con cierta asiduidad, se pueda percibir entre los defensores de una ética «individualista» un enfrentamiento entre sus principios éticos y los principios que, de manera lógica, parece que deben regir todo el ejercicio profesional
La ética depende de elecciones voluntarias y conscientes, ya que este concepto define la identificación y el seguimiento de unas normas determinadas por tal de actuar del modo que nos parezca correcto desde un punto de vista personal. Además, al ser de ámbito más bien individual, da un cierto margen a reflexionar sobre si algo está bien o no, dependiendo de las circunstancias.
Nos sentimos más sensibles y responsables de los valores que se juegan en todos los ámbitos de la salud. Desgraciadamente muchos aspectos de la política sanitaria no se planifican con criterios éticos. Los propios médicos, muchas veces, se encuentran en tensión entre dos estilos de ejercicio, uno gobernado por los valores y su concreción en el compromiso con el paciente, y otro dictado por criterios políticos economicistas, o incluso por los propios intereses egoístas o corporativos, que se concretan en normas de gestión ajenas al mundo de los valores.
Por eso, gestión sanitaria y práctica de las profesiones sanitarias tendrían que verse siempre como dos niveles complementarios de actuación. Su nexo de unión está en la identidad que proporcionan los valores compartidos por ambos mundos, que no dejan de apoyarse siempre en la dignidad intrínseca de todo ser humano, desde el que gestiona, hasta el que investiga, hasta el que asiste o cuida, hasta el que recibe los cuidados o quien queda afectado por ser un familiar de cualquiera de los anteriores.
