Tema 5. La atención a las segundas y terceras víctimas en los eventos adversos.


Segundas y Terceras Víctimas de los Eventos Adversos

La seguridad del paciente no solo abarca la prevención de los eventos adversos (EA), sino también la atención a las consecuencias humanas y organizativas que estos generan. En este sentido, la literatura científica reconoce que alrededor de la mitad de los profesionales sanitarios experimentará, al menos una vez en su carrera, el impacto psicológico y emocional derivado de su implicación en un evento adverso, convirtiéndose en lo que se denomina una segunda víctima.

El concepto fue definido por la Dra. Susan Scott, de la Universidad de Missouri, como “todo profesional sanitario que participa en un evento adverso, error médico o lesión inesperada relacionada con la atención al paciente, y que resulta traumatizado por el suceso”. Estas segundas víctimas pueden presentar síntomas propios del síndrome de estrés postraumático, como ansiedad, culpa, insomnio o miedo, lo que no solo afecta su bienestar personal, sino que incrementa el riesgo de nuevos incidentes si no reciben apoyo adecuado. Por ello, deben ser consideradas dentro de la estrategia de seguridad clínica de las instituciones, incorporándose su atención al plan de gestión de riesgos.

Una organización con una política madura en seguridad clínica —que promueve la notificación de incidentes, el análisis reactivo y proactivo, y la implantación de medidas preventivas— no debe olvidar que sus profesionales también son vulnerables tras un evento adverso. Estos pueden sufrir un impacto emocional que afecte su desempeño y, de no ser atendido, se traduzca en nuevos errores. Así, la atención a las segundas víctimas debe integrarse como un objetivo prioritario dentro de las estrategias de mejora institucional.

A nivel internacional, uno de los programas más destacados es “For You”, desarrollado por la Universidad de Missouri, que propone un modelo teórico de recuperación de la segunda víctima. Este describe un proceso evolutivo que incluye fases como la detección del evento, la búsqueda de ayuda, la confusión emocional inicial, la reconstrucción obsesiva de los hechos, el aislamiento, el miedo, la preocupación por las consecuencias legales y, finalmente, el afrontamiento y la recuperación del equilibrio personal y profesional. El programa también contempla protocolos de actuación y recomendaciones específicas para atender a segundas y terceras víctimas, así como para ofrecer una adecuada respuesta al paciente afectado.

En España, el Proyecto de Investigación sobre Segundas y Terceras Víctimas (2014) reunió a profesionales de ocho comunidades autónomas. Sus resultados permitieron elaborar guías de intervención para directivos y responsables de seguridad del paciente, tanto en atención primaria como hospitalaria. Estas guías ofrecen orientaciones para reducir el impacto emocional de los EA en los profesionales, reforzar la cultura de seguridad y fomentar una comunicación ética y transparente con los pacientes.

El término terceras víctimas fue acuñado por Charles Denham en 2007 para referirse a las organizaciones sanitarias que sufren pérdida de prestigio, reputación o confianza social como consecuencia de un evento adverso. A pesar de su importancia, las consecuencias sobre las instituciones y su manejo han sido escasamente estudiados. Se recomienda que los centros dispongan de estrategias de comunicación dentro de sus planes de atención inmediata, capaces de gestionar tanto la respuesta interna como la repercusión mediática y legal del suceso.

En este contexto, el grupo español de investigación elaboró la guía “Recomendaciones para decir Lo siento”, donde se detallan pautas sobre cómo, cuándo y quién debe informar al paciente tras un EA, insistiendo en la importancia de la información franca (Open Disclosure). Esta práctica implica ofrecer disculpas sinceras, explicar lo sucedido y detallar las medidas adoptadas para evitar su repetición.

Asumiendo que el riesgo cero no existe en la atención sanitaria, la capacidad de una organización para ofrecer una respuesta adecuada y empática ante un evento adverso constituye un elemento esencial de su cultura de seguridad. Incorporar el abordaje de las víctimas —pacientes, profesionales y organización— aporta beneficios sustanciales: mitiga el sufrimiento de los afectados, reduce el impacto emocional sobre los profesionales, mantiene la confianza institucional, refuerza el liderazgo y favorece el aprendizaje organizativo.

Entre las recomendaciones destacan: promover una cultura de seguridad positiva, elaborar un plan de acción inmediata con protocolos claros, ofrecer soporte psicológico y comunicativo a pacientes, familiares y profesionales, diseñar un plan de comunicación interna y externa ante eventos graves, y establecer programas formativos que preparen a los distintos perfiles profesionales para actuar ante este tipo de situaciones. Formar a los mandos intermedios, a los servicios de salud laboral y a los equipos de apoyo psicológico resulta esencial para garantizar una atención integral a las segundas y terceras víctimas, transformando los eventos adversos en oportunidades de aprendizaje y mejora para toda la organización.