TEMA 12. LACTANCIA MATERNA Y SUEÑO DE LA MADRE Y DEL RECIÉN NACIDO.


El sueño del lactante es un proceso madurativo que evoluciona desde la vida fetal hasta adquirir progresivamente el patrón adulto. Durante los primeros días y semanas, el recién nacido puede dormir hasta 20 horas al día, despertándose principalmente para alimentarse; en ocasiones es necesario despertarlo para garantizar un número suficiente de tomas y prevenir la hipoglucemia. La alimentación frecuente favorece la producción de leche al aumentar los receptores de prolactina, mientras que la leche materna contiene L-triptófano y melatonina, y la succión produce relajación y facilita el sueño. Durante los primeros tres meses el sueño es bifásico, con sueño REM o activo y sueño lento, y ultradiano y polisecuencial, sin una clara diferenciación entre día y noche. Predomina el sueño activo, que favorece el desarrollo neuronal y el aprendizaje.

A partir de los 3 meses, el lactante comienza a dormir más durante la noche y desarrolla progresivamente el ritmo circadiano y las fases del sueño adulto, aunque pueden aumentar los despertares. Entre los 8 meses y los 2–6 años el sueño continúa madurando, disminuyendo progresivamente los despertares nocturnos y las horas totales de sueño. La angustia por separación, la alimentación complementaria, el gateo, la deambulación, la dentición y otros cambios del desarrollo pueden alterar temporalmente el descanso. Desde aproximadamente los 3 años disminuyen los despertares y suelen desaparecer hacia los 5–6 años, aunque los niños pueden necesitar la presencia de los padres, cuentos o juegos antes de dormir para reducir la ansiedad. El colecho puede favorecer la fisiología del sueño y facilitar el acceso al pecho, reduciendo los despertares maternos y favoreciendo el descanso, pero debe realizarse bajo condiciones de seguridad, con una superficie firme y amplia, sin objetos, evitando sofás, exceso de abrigo y sustancias que disminuyan la alerta del adulto.

El sueño materno puede verse afectado inicialmente por el cansancio acumulado del parto, el ingreso hospitalario y el estado de salud del recién nacido. Cuando ambos presentan un buen estado de salud, la fisiología de la lactancia puede favorecer el descanso de la madre. La lactancia permite ahorrar tiempo respecto a otras formas de alimentación y puede aumentar el sueño materno hasta aproximadamente una hora; además, la oxitocina y las endorfinas favorecen el bienestar y la relajación, mientras que la prolactina contribuye a un sueño profundo y reparador. Un descanso materno de calidad, junto con sentirse apoyada y satisfecha con el plan de crianza, facilita el mantenimiento de la lactancia y favorece el bienestar tanto de la madre como del lactante.