La evolución de la lactancia materna está condicionada por múltiples factores desde la etapa preconcepcional, el embarazo y el parto hasta las primeras semanas de lactancia. En la consulta preconcepcional se deben valorar el estado nutricional, IMC, patologías endocrinas como diabetes o alteraciones tiroideas, analíticas, vacunación, hábitos tóxicos y posibles exposiciones laborales. Durante el embarazo es importante conocer antecedentes obstétricos, edad, uso de reproducción asistida, evolución fetal y materna, así como los cambios en las mamas, pezones, areolas y posible aparición de calostro. Esta información permite identificar factores que pueden influir en el establecimiento posterior de la lactancia y ofrecer un asesoramiento individualizado.
El parto y el inicio de la lactancia tienen una influencia decisiva. Deben registrarse las semanas de gestación, si el parto fue espontáneo o inducido, la medicación utilizada, la duración de sus fases y la vía de finalización. El parto vaginal se relaciona con mayores tasas de lactancia, mientras que la cesárea puede implicar mayor ingreso, separación madre-bebé y mayor utilización de suplementos de fórmula. La primera toma debe realizarse idealmente durante las primeras dos horas posparto, aprovechando el periodo de reactividad neonatal y el contacto piel con piel; si no existe un agarre eficaz durante los primeros 90 minutos o hay separación, se recomienda iniciar la extracción manual de calostro cuanto antes. El retraso de las tomas, una frecuencia insuficiente, sustituir tomas por chupete o administrar suplementos pueden interferir en la producción de leche. La lactogénesis II debería estar establecida durante los primeros días; una producción escasa después del quinto día puede indicar un retraso que requiere valoración.
El establecimiento de la lactancia dura aproximadamente seis semanas, siendo especialmente importante el seguimiento profesional durante la primera semana de vida, ya que es un periodo de dudas, cansancio y mayor riesgo de abandono. La valoración debe contemplar de forma holística y personalizada las circunstancias de la madre, el lactante, su familia y su cultura, y cualquier plan de actuación debe ser factible y aceptado por ellos. En una consulta de lactancia es fundamental observar una toma completa, desde el inicio hasta el final, valorando el comportamiento y la interacción de ambos miembros del binomio. Toda la información y evolución debe quedar registrada para facilitar la continuidad asistencial. Para ello existen herramientas estandarizadas y, según el tema, en español están validadas dos escalas de valoración del amamantamiento: LATCH y la ficha de observación de la toma de la Unión Europea.
