TEMA 2. INGURGITACIÓN MAMARIA


La ingurgitación o plétora mamaria es la congestión y distensión de las mamas que aparece habitualmente durante las primeras 48-72 horas de lactancia, provocando aumento de sensibilidad, calor, tensión, edema y dolor, que en ocasiones puede extenderse hacia la axila y acompañarse de febrícula. Puede presentarse como ingurgitación areolar, cuando el edema afecta a la zona próxima a la areola y dificulta el agarre y el drenaje, o como ingurgitación periférica, cuando afecta a las zonas más profundas de la mama y los conductos, produciendo mamas inflamadas, brillantes y tensas. Entre los principales factores predisponentes se encuentran la cesárea, la administración abundante de líquidos intravenosos, el retraso en el inicio de la lactancia, los horarios rígidos, el uso de tetinas, chupetes y suplementos y la falta de contacto piel con piel.

El diagnóstico debe diferenciar la ingurgitación de la obstrucción de conductos y de la mastitis. La obstrucción suele producir dolor localizado, induración y enrojecimiento sin fiebre ni síntomas generales, mientras que la mastitis suele presentar dolor y enrojecimiento unilateral, junto con fiebre superior a 38,5 °C y malestar general, siendo poco frecuente durante el puerperio precoz. La ingurgitación, por el contrario, suele ser bilateral, aparece durante las primeras 48-72 horas, produce mamas duras y enrojecidas y puede acompañarse únicamente de febrícula. Un tratamiento precoz es fundamental para prevenir complicaciones como dolor y lesiones del pezón, dificultad para la alimentación, pérdida de peso del bebé, mastitis y disminución de la producción de leche.

El tratamiento se basa en favorecer tomas frecuentes y un vaciado eficaz, asegurando una correcta posición y agarre del bebé. Pueden utilizarse masajes suaves, drenaje linfático y extracción manual de leche, siendo especialmente útil la técnica de Marmet, que combina la estimulación mediante masaje con la extracción manual. En la ingurgitación areolar puede emplearse la presión inversa suavizante, cuyo objetivo es desplazar el edema de la areola y facilitar el agarre. También pueden utilizarse analgésicos y antiinflamatorios y aplicar compresas frías entre las tomas para reducir inflamación y dolor. Se debe evitar el calor local y el vendaje compresivo, ya que pueden empeorar el cuadro o dificultar el drenaje. Otras intervenciones estudiadas, como ultrasonidos, hojas de col, oxitocina o corticoides, no han demostrado una evidencia estadísticamente significativa de resolución más rápida.