Para una lactancia materna exitosa es importante que exista un inicio precoz de la lactancia.
Para el inicio del amamantamiento, necesitamos un funcionamiento óptimo de la fisiología de la lactancia.
La evidencia científica nos demuestra que el contacto piel con piel temprano entre madre e hijo, presenta beneficios tanto a corto como a largo plazo sobre el neonato y la madre, aumentando así mismo, el tiempo de lactancia materna.
Las Guías de Buenas Prácticas disponibles, como la guía RNAO para la Lactancia Materna o la Guía de Práctica Clínica sobre la atención al parto normal, aconsejan que se debe iniciar el contacto piel con piel entre la madre y el bebé inmediatamente después del nacimiento como parte de los cuidados rutinarios.
Evitar la separación de la madre y el bebe dentro de la primera hora de vida y hasta que haya finalizado la primera toma.
El recién nacido debe ser colocado desnudo en decúbito prono sobre el pecho materno.
El aumento del tamaño de las mamas durante el embarazo y la lactancia indica que la glándula mamaria se prepara funcionalmente.
El pecho se hace más grande, más pesado y algo más sensible entre el segundo y sexto día postparto, como resultado de una dilatación vascular y de una gran cantidad de sangre y líquido linfático que llega al pecho para preparar la producción de un mayor volumen de leche.
De manera que se considera fisiológico cierto grado de congestión y sensación de calor y plenitud en el paso hacia la lactogénesis II.
Esta congestión puede variar de una madre a otra y ser diferente entre un embarazo y otro.
La sensación de pesadez desaparece en las primeras semanas cuando el bebé mama del pecho de manera eficaz, frecuente y sin restricciones.
Si esto no ocurre, puede convertirse en un cuadro muy doloroso y patológico. Como por ejemplo, en los casos en los que se produce separación entre la madre y su criatura, en situaciones en las que no es posible el contacto o una succión frecuente o ante bebés que no son capaces de realizar un estímulo y una toma eficaz. También nos enfrentaremos al riesgo de la ingurgitación, ante situaciones en las que se programan tomas con horarios predeterminados y rígidos.
Ciertas intervenciones que se realizan durante el parto, van a predisponer, entre otras cosas, a una mayor ingurgitación, como es la prefusión constante de líquidos intravenosos que puede ocurrir en los partos prolongados y que generará un acúmulo excesivo de líquidos y edemas.
Al dolor y malestar físico que siente la madre, se suma la impotencia y preocupación ante un recién nacido con dificultades, o en ocasiones incapaz, de agarrarse al pecho y alimentarse.
Esta difícil situación, incrementa los niveles de estrés favoreciendo el aumento de cortisol y catecolaminas en sangre, hormonas antagonistas de la oxitocina.
La oxitocina juega un papel fundamental en el vínculo, en el cuidado del bebé y en la instauración de la lactancia.
De manera que la secreción endógena de oxitocina será una de nuestras importantes intervenciones en la prevención y tratamiento de la ingurgitación mamaria.
