TEMA 2. PROLONGACIÓN DE LA DURACIÓN DE LA LACTANCIA. LACTANCIA MATERNA EN NIÑOS MAYORES


1. CONTEXTO

Las principales asociaciones científicas nacionales e internacionales [Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, Asociación Española de Pediatría (AEP), American Academy of Pediatrics (AAP), Australian Breastfeeding Association (ABA), Canadian Pediatric Association (CPS), American Association of Family Physicians (AAFP), American Dietetic Association (ADA), National Association of Pediatric Nurse (NAPNAP), American Public Health Association (APHA)] recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad, y después complementarla con otros alimentos hasta (al menos) los 2 años de edad, pudiendo mantenerla todo el tiempo que madre e hijo deseen. No hay establecido un límite superior para finalizar la lactancia, aunque la forma en la que se nos presenta la sentencia puede, en algunos casos, incitar a la confusión y ver la lactancia más allá de los dos años como algo no deseable.

Se recomienda que, a partir de los 6 meses, además del pecho, se ofrezca a los lactantes una dieta variada sin forzar y rica en hierro. Si podemos asegurar al menos 4 tomas de LM diarias no serían necesarias otras fuentes de lácteos. Recordemos que hasta el año de vida el alimento principal del niño siempre debería ser la leche materna (o en su defecto la fórmula artificial si la LM no es posible o la madre así lo ha decidido). En el caso de usar leche de fórmula, siempre se recomendará formula de inicio o tipo 1 por su menor contenido en azúcares y proteínas, recordemos que el tanto el Código internacional de comercialización de sucedáneos de Leche Materna como el Codex Alietarius obligan por ley a que la composición de todas las leches de fórmula tenga una composición concreta y similar entre todas ellas. A partir del año de vida puede ser sustituida por leche de vaca. La lactancia materna óptima en menores de 2 años es la medida que más repercusiones potenciales tiene en mejorar el estado de salud de la población infantil sobre todo en países en desarrollo, donde las condiciones higiénicas y el acceso a agua potable son limitados y la alimentación basada en fórmula artificial supone un riesgo añadido.

Históricamente, ha sido habitual que la lactancia materna se mantuviera hasta los 2-3 años de edad, de hecho, continúa siendo así en algunas culturas del mundo, aunque la industrialización y los cambios sociales están acabando con dicha práctica. No ha sido hasta comienzos del siglo XX donde a raíz de la aparición de los sucedáneos de leche materna junto a grandes y agresivas campañas publicitarias extendieron el uso de dichas fórmulas generando destetes prematuros, incerteza y dinamitando las expectativas maternas frente a su capacidad de amamantar. 

En la actualidad en la mayoría de los países occidentales la lactancia materna por encima del año de edad ha pasado a convertirse en una práctica relativamente poco frecuente. Las madres que deciden seguir amamantando a niños mayores se encuentran en muchas ocasiones con barreras, el sentimiento de rechazo por parte de la sociedad y dentro de su propia familia, incluso aun entre los mismos profesionales sanitarios con prejuicios con escasos conocimientos en el tema y con prácticas basadas en mitos. Entre algunos sectores de la población general se ve esta práctica como algo obsceno, inadecuado y fuera de lugar provocando que todas esas mujeres sigan amamantando a escondidas, en casa e incluso mintiendo y negando a profesionales y familia que ya no están dando el pecho para no sentirse juzgadas. Este sentimiento de vergüenza provoca un círculo vicioso en la sociedad en si misma ya que al esconderse se perpetúa la falsa creencia que es un acto inadecuado. El foco aquí debería pasar por la promoción y visualización de estas madres y sus hijos, entendiendo que amamantar a niños de más de 1 año continúa siendo una práctica deseable y beneficiosa para ambos.

Por otro lado, el término «lactancia materna prolongada» habitualmente usado para definir este hecho, no parece ser el más adecuado dado que puede generar confusión.

Según la misma R.A.E. el verbo prolongar hacer referencia a “Hacer que dure algo más tiempo de lo regular “. Por ello, podríamos pensar que el concepto lactancia prolongada hace referencia a una lactancia que dura más de lo normalmente aceptado o lo que sería recomendado cuando la realidad es otra muy diferente. Lo más adecuado sería simplemente identificarlo como lactancia materna sin añadidos ni complementos puesto que no debería hacerse ningún tipo de distinción ni adherirle ningún otro extra que pudiera ser percibido como peyorativo. 

2. DURACIÓN ESTIMADA DE LA LACTANCIA

Desde el punto de vista evolutivo, la lactancia materna es el único alimento producido y destinado a la alimentación de las crías de nuestra especie. Su interrelación con la fertilidad de las mujeres y con la supervivencia de los niños hacen de la lactancia un elemento de estudio primordial en la historia del género humano. Diversos trabajos en paleofisiología y antropología establecen que la edad del destete espontáneo en Homo sapiens ocurre entre los 2,5 y los 7 años. 

Biológicamente hablando, comparándonos con otros mamíferos superiores, podemos estimar también una edad aproximada en base a diferentes hitos en el desarrollo. Entre ellos podemos identificar, cuando:

  • Cuadriplican el peso del nacimiento (nuestro equivalente serían 3 años)
  • Cuando aparecen los primeros molares permanentes (unos 6 años)
  • Superan en 6 veces el periodo de gestación (embarazo) (4’5 años)
  • Se adquiere aproximadamente una tercera parte del peso adulto (para nosotros sería entre los 4 y 7 años)
  • Llegan a la mitad de inicio de la madurez reproductiva (6-7 años)
  • Alcanzan la autonomía inmunológica (6 años)

3. CALIDAD Y BENEFICIOS DE LA LECHE MATERNA A LARGO PLAZO

La leche materna no solo no pierde sus propiedades con el paso del tiempo, sino que continúa modificándose en función de las necesidades del niño. A partir del primer año de lactancia, la cantidad de grasa en la leche aumenta con respecto a los primeros meses, resultando un alimento completo, nutritivo y más calórico para un lactante mayor que la leche de fórmula o de vaca. Comparativamente en cuanto al número de calorías, la leche de vaca entera contiene aproximadamente 637,86 kcal/l, mientras que leche materna de madre más allá del año de lactancia aporta 879,7 kcal/l.

Se ha comprobado que más de un tercio de las necesidades nutricionales y calóricas que necesita un niño mayor de un año están cubiertas por el mero hecho de tomar pecho. Sin contar todos los beneficios inmunológicos que le aporta siendo un factor protector frente a infecciones. Del mismo modo, tiene una gran función de prevención contra la obesidad infantil, los lactantes con mayor riesgo de patrones de aumento de peso parecen ser los que más se benefician de una lactancia más prolongada ya que protege frente al sobrepeso. Se ha constatado una menor incidencia de ciertos tipos de cáncer (como la leucemia infantil), de enfermedades metabólicas y enfermedades autoinmunes (como la diabetes tipo 1).

La duración de la lactancia materna también está implicada en un mejor desarrollo emocional y psicosocial del niño. A mayor duración, se ha descrito una menor incidencia de maltrato infantil⁹, una mejor relación con los padres en la adolescencia, una mayor percepción de cuidado y una mejor salud mental en la vida adulta. 

También se han observado beneficios a nivel emocional en niños adoptados provenientes de un entorno difícil en los que se realizó lactancia inducida (de la que hablaremos con más detalle en temas posteriores). Todo ello, sin olvidarnos de las numerosas ventajas para la madre que amamanta. A más tiempo total de lactancia, menor riesgo de diabetes tipo 2, cáncer de mama, cáncer de ovario, hipertensión e infarto de miocardio. 

 

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