Las alteraciones congénitas del recién nacido no contraindican de forma general la lactancia materna, que aporta importantes beneficios inmunológicos, digestivos, nutricionales y neurocognitivos, especialmente en bebés vulnerables. Sin embargo, estos recién nacidos presentan una menor frecuencia y duración de la lactancia debido a factores como la separación madre-hijo, la inestabilidad clínica y las dificultades de succión y deglución. En este contexto, la enfermería especializada desempeña un papel fundamental mediante el inicio precoz de la extracción de leche, el contacto piel con piel, la adaptación de los métodos de alimentación y la transición progresiva hacia el pecho cuando la situación clínica lo permite.
En las cardiopatías congénitas, el aumento del gasto energético y la dificultad para realizar tomas eficaces pueden favorecer el riesgo nutricional, la desnutrición y el retraso del crecimiento. La lactancia debe mantenerse siempre que sea posible, adaptando la técnica y el soporte nutricional. Es necesario controlar el patrón respiratorio, la frecuencia cardiaca, la coloración, la fatiga, la duración de las tomas y la ganancia ponderal. Se recomiendan tomas frecuentes y cortas, descansos, posiciones que faciliten la respiración, un agarre eficaz y, cuando sea necesario, la extracción de leche materna para administrarla mediante otros métodos. En situaciones de inestabilidad hemodinámica, hipoxemia grave, insuficiencia cardiaca descompensada o postoperatorio inmediato, puede ser necesario suspender temporalmente la succión directa, manteniendo la extracción para conservar la producción.
En los recién nacidos con síndrome de Down, la macroglosia, la glosoptosis y la hipotonía pueden dificultar la succión y la coordinación con la deglución, por lo que son útiles posiciones como la biológica, caballito y balón de rugby, además del apoyo mandibular mediante la mano de DanCer, las compresiones mamarias y la fisioterapia de succión y deglución. En las malformaciones del tubo neural, especialmente en los defectos con exposición de estructuras neurales, la prioridad inicial es mantener una protección estéril y realizar la reparación quirúrgica de forma urgente. La lactancia puede diferirse hasta la intervención y posteriormente retomarse con adaptaciones posturales y soporte adecuado para evitar presión sobre la lesión. En todos estos casos, el objetivo es proteger la lactancia materna, individualizando las estrategias de alimentación según la situación clínica y las necesidades del recién nacido.
