La leche humana es un alimento de composición única y variable, adaptado a las necesidades del recién nacido y con funciones que van más allá de la nutrición. Sus componentes participan en el desarrollo cerebral, la maduración del sistema inmunitario y el desarrollo afectivo y relacional. Durante los primeros años se produce la mielinización del sistema nervioso, favorecida por componentes como los fosfolípidos. Además, la leche aporta numerosos inmunomoduladores, destacando los linfocitos T, IgA, IgG, IgM, IgE, lactoferrina, lisozima y mucina, que contribuyen a la maduración y protección del sistema inmunitario. La lactancia también favorece la proximidad madre-hijo, la oxitocina y el establecimiento del vínculo afectivo.
La composición de la leche materna cambia según el tipo de leche, la edad del bebé, la hora del día, el momento de la toma y el estado de salud de madre e hijo. Se distinguen calostro, leche de transición y leche madura. El calostro, producido durante los primeros días, presenta un volumen reducido, mayor contenido de proteínas, sodio, potasio, cloro e IgA, y menor cantidad de grasa y lactosa que la leche madura; su color amarillo se debe al betacaroteno. La leche de transición, característica de la segunda semana posparto, disminuye progresivamente su concentración de inmunoglobulinas y proteínas, mientras aumentan la lactosa, grasa y calorías. La leche madura contiene más de un 90 % de agua y aporta grasas, proteínas, lactosa, minerales, vitaminas, enzimas, prostaglandinas y factores de crecimiento, destacando su elevada biodisponibilidad.
La leche materna no es estéril, sino que contiene una amplia variedad de bacterias, entre ellas Staphylococcus, Streptococcus, Lactobacillus y Bifidobacterias. Estas últimas desempeñan un papel fundamental en la protección intestinal del lactante, ya que metabolizan la lactosa y producen ácido láctico, disminuyendo el pH intestinal y dificultando la colonización por microorganismos patógenos. Su crecimiento está favorecido por los factores bifidogénicos y los oligosacáridos de la leche humana (HMOs). A través del eje enteromamario, la microbiota materna, la leche y el intestino del lactante mantienen una comunicación bidireccional. Además, la leche ejerce una doble función probiótica, aportando bacterias vivas, y prebiótica, mediante los HMOs que alimentan selectivamente a las bacterias beneficiosas. La IgA secretora también proporciona protección al bloquear la adhesión de patógenos a la mucosa intestinal.
