La asfixia perinatal consiste en una interrupción del intercambio gaseoso alrededor del nacimiento que provoca hipoxemia, hipercapnia y acidosis láctica como consecuencia de la hipoperfusión tisular. Cuando la hipoxia-isquemia produce daño cerebral aparece la encefalopatía hipóxico-isquémica (EHI), caracterizada por alteraciones de la conciencia, respiración, tono muscular, reflejos, capacidad de alimentación y, con frecuencia, convulsiones. La EHI moderada o grave constituye una causa importante de morbimortalidad neonatal y puede producir discapacidad permanente, siendo la gravedad inicial y la localización del daño cerebral factores determinantes del pronóstico.
En la EHI moderada o grave puede utilizarse hipotermia terapéutica durante 72 horas, periodo en el que el recién nacido habitualmente no puede realizar una succión eficaz. Durante este tiempo se recomienda apoyar a la madre en la extracción de leche materna para mantener la producción, pudiendo administrarse calostro en boca o leche mediante sonda nasogástrica con fines tróficos. Una vez que el bebé se encuentra estable, se inicia progresivamente la alimentación oral o directa al pecho. Estos lactantes pueden presentar alteraciones de la coordinación succión-deglución, por lo que pueden necesitar métodos alternativos de suplementación, posiciones que proporcionen estabilidad, como el balón de rugby, apoyo mandibular mediante la mano de DanCer y, cuando sea necesario, extracción de leche para mantener la producción y asegurar una adecuada nutrición.
La disfunción motora oral puede dificultar el inicio y mantenimiento de la lactancia y manifestarse mediante rechazo del pecho, agarre superficial, dificultad para mantener el agarre o tomas ineficaces, pudiendo favorecer la suplementación, disminución de la producción de leche y destete precoz. Su valoración debe incluir la historia clínica, exploración de madre y bebé, observación de una toma, evaluación de las estructuras orofaciales, reflejos orales, tono muscular y coordinación entre succión, deglución y respiración. El manejo comienza mejorando agarre, postura y posición, y en determinados casos puede incluir ejercicios orofaciales realizados por profesionales especializados para favorecer la succión y la deglución. El documento también describe intervenciones como la osteopatía pediátrica y la terapia craneosacral como opciones propuestas para determinadas dificultades, aunque se presentan dentro del abordaje específico de estas disfunciones.
