TEMA 4. MASTITIS Y OBSTRUCCIÓN DE CONDUCTOS


La mastitis es un proceso inflamatorio de la mama relacionado principalmente con la estasis y retención de leche, que puede evolucionar hacia una infección. La leche materna contiene una microbiota fisiológica formada principalmente por estafilococos, estreptococos y bacterias lácticas. Entre los principales factores predisponentes se encuentran el mal agarre, el vaciado insuficiente, las tomas poco frecuentes o restringidas, la hiperproducción de leche, las grietas del pezón, el destete brusco, la presión sobre la mama, la separación madre-bebé y el estrés o cansancio materno. Los principales microorganismos implicados son Staphylococcus y Streptococcus, destacando Staphylococcus aureus. Clínicamente se caracteriza por dolor, calor, rubor e inflamación mamaria, generalmente acompañados de síntomas sistémicos como fiebre, escalofríos, cefalea, artralgias, mialgias, náuseas y malestar general.

El diagnóstico de la mastitis es fundamentalmente clínico, identificándose habitualmente una zona mamaria dolorosa, caliente, inflamada, roja y generalmente unilateral, junto con síntomas generales como fiebre superior a 38,5 °C y escalofríos. El cultivo de leche no se recomienda de forma rutinaria, pero está indicado en situaciones como mastitis recurrentes, casos graves, adquisición hospitalaria o ausencia de mejoría tras el tratamiento. Cuando la evolución es desfavorable, la ecografía mamaria permite descartar complicaciones, especialmente el absceso mamario. El tratamiento se basa inicialmente en una extracción frecuente y eficaz de la leche, manteniendo la lactancia, junto con descanso, hidratación, apoyo emocional y compresas frías. Los analgésicos, antipiréticos y antiinflamatorios, como ibuprofeno y paracetamol, constituyen el tratamiento farmacológico inicial, mientras que la antibioterapia se valora cuando los síntomas persisten o son graves.

Entre las principales complicaciones se encuentran las recidivas, la interrupción innecesaria de la lactancia, la mastitis granulomatosa y, especialmente, el absceso mamario. Este último suele presentarse como una masa palpable, dolorosa, inflamada y a veces fluctuante, acompañada de fiebre y malestar general. Su diagnóstico se basa en la clínica y, especialmente, en la ecografía, que permite determinar su localización y características. El tratamiento puede incluir antibióticos, analgésicos y drenaje, siendo la punción-aspiración ecoguiada una opción de primera línea en determinadas circunstancias. Además, se recomienda mantener la lactancia y el vaciado del pecho siempre que sea posible. Por otro lado, la obstrucción de los conductos galactóforos se relaciona con un drenaje insuficiente y se trata favoreciendo las tomas y el vaciado, mientras que el galactocele es un quiste de leche que suele presentarse como un nódulo móvil, sin fiebre, enrojecimiento ni dolor, y generalmente no requiere tratamiento salvo que interfiera con la lactancia.