La valoración de la madre tras el parto debe realizarse por profesionales formados en lactancia materna, manteniendo una actitud de escucha activa y respeto hacia sus emociones y experiencias. La exploración debe comenzar con la observación y palpación de las mamas, valorando su forma, simetría, separación, cicatrices, llenado y red venosa, así como el estado del pezón y la areola. Las grietas, el pezón aplanado en forma de “barra de labios”, el eritema y el dolor durante la toma pueden indicar un mal agarre. También deben valorarse los signos de una adecuada lactogénesis II, como la sensación de plenitud mamaria, el aumento de la red venosa y el alivio o ablandamiento del pecho tras la toma. La presencia de mamas hipoplásicas, tubulares o muy asimétricas, ausencia de red venosa o de sensación de llenado puede hacer sospechar hipogalactia. Los pezones planos o invertidos y la ingurgitación areolar también pueden dificultar el agarre.
La valoración del recién nacido debe centrarse en su estado general, la succión y la transferencia de leche, para detectar precozmente dificultades que puedan provocar dolor materno, baja ganancia ponderal o destete precoz. Se debe observar su actitud, el reflejo de búsqueda, el estado de alerta, el tono muscular, la respiración y la coloración. La hipotonía puede producir succión débil, pausas y dificultad para mantener el agarre, mientras que la hipertonía puede provocar rigidez, dificultad para abrir la boca y un agarre doloroso. La exploración de la cavidad oral debe valorar especialmente la lengua, su protrusión, elevación, lateralización y capacidad de acanalamiento, además del paladar, mandíbula y movilidad cervical. La anquiloglosia, el paladar alto o estrecho, la micrognatia o retrognatia y determinadas alteraciones cervicales pueden dificultar un agarre profundo y eficaz.
Durante la valoración de la toma deben observarse tanto la madre como el lactante, prestando atención a la posición, agarre, succión y transferencia de leche. Un agarre adecuado implica boca bien abierta, labios evertidos, mejillas redondeadas, mentón en contacto con el pecho, ausencia de chasquidos y de dolor persistente, y una mayor cantidad de areola visible por encima del labio superior. La succión nutritiva es lenta, profunda y rítmica, mientras que la succión no nutritiva es más rápida y superficial y tiene funciones de calma, estimulación oral y regulación emocional. La transferencia eficaz se valora mediante signos maternos y del lactante, como el ablandamiento del pecho tras la toma, la ganancia ponderal, las micciones y deposiciones adecuadas y un bebé tranquilo y satisfecho. Para estandarizar la valoración pueden utilizarse la escala LATCH y la ficha de observación de la toma de la Unión Europea, siendo fundamental registrar siempre el juicio clínico y las recomendaciones realizadas.
