TEMA 6. ALIMENTACIÓN A DEMANDA


El comportamiento del recién nacido cambia con el paso de las horas y los días. Tras el nacimiento viene un periodo de máxima alerta que dura unas dos a cuatro horas, seguido de un periodo de un sueño profundo de hasta cinco o seis horas. Durante el primer día de vida están más adormilados para despertar a partir de las primeras 24 horas y estar mucho más activos el segundo día. Durante el periodo de instauración de la lactancia materna, unas seis semanas, el lactante duerme y despierta para tomar del pecho. Conforme avanzan las semanas está más tiempo despierto y va observando a su alrededor.

Durante el primer mes no es habitual que se hagan menos de ocho tomas en un día. Especialmente en los primeros días es el número mínimo de tomas que han de hacer para eliminar los productos de degradación de la bilirrubina por las heces y mantener una pérdida e inicio de ganancia de peso adecuado. Un número de tomas inferior a este compromete la lactancia.

El margen superior de tomas puede ser hasta 12 o 14 en un día. Como todo aspecto de la lactancia materna, no se puede valorar por sí solo, ya que un número excesivo de tomas recurrente junto con un lactante que no se calma entre las mismas o hace escasas deposiciones, entre otros factores, nos indicarían dificultades.

Todavía están muy arraigados en la comunidad los horarios de alimentación establecidos en base a la alimentación con leche de fórmula. Han sido varias décadas en las que todos los profesionales de salud daban estas indicaciones de que el lactante tiene que comer cada tres horas, independientemente del tipo de alimentación. La obsesión de la sociedad industrializada por el control del tiempo ha desplazado a los ritmos naturales de los cuerpos del lactante y su madre. En la actualidad, la recomendación es ofrecer el pecho a la demanda del lactante, o “lactancia materna a demanda”, lo que se traduce a la práctica con ofrecer el pecho cuando el bebé lo pide, que es la más fisiológica y la que mejor se va a adaptar a las necesidades de crecimiento del lactante.

Otro conocimiento popular es la duración de la toma y el cambio de pecho durante la misma. Las recomendaciones más conocidas indican que se debe amamantar diez minutos en cada pecho y cambiarlo de lado. Esta conducta muy probablemente lleve a un fracaso de la lactancia. El motivo principal es que cada lactante tiene sus ritmos, los cuales van cambiando con el paso de los días y semanas. Las semanas de gestación al nacer, el peso o el tipo de parto pueden condicionar su comportamiento durante las tomas. Por lo que la duración, la marcará el lactante, retirándose el mismo del pecho, cuando ha acabado la toma. La duración de las tomas excesivamente corta (inferior a cinco minutos aprox.) o larga (superior a treinta minutos aprox.) de forma sistemática también requiere evaluación.

Se han descrito varios estados de comportamiento del recién nacido por los que va pasando a lo largo del día. Es útil enseñar a las madres y a los padres a identificarlos para conocer las necesidades de su hijo o hija. De menor a mayor actividad, los estados serían sueño profundo, sueño ligero, somnolencia, alerta tranquila, alerta activa y llanto. Durante los estados extremos (sueño profundo o llanto) es complicado amamantar. En primer lugar, se debe intentar calmar al recién nacido o despertarlo si es preciso.

Cuando el lactante duerme demasiado puede deberse a varios factores. Los recién nacidos pretérmino, los que han sufrido crecimiento intrauterino retardado, los efectos de la medicación materna durante el parto, etc. En la mayoría de los casos pueden llegar a un estado de mayor actividad mediante estimulación por parte de los cuidadores con caricias, cambio de pañal, quitar capas de ropa, hablarle, etc. La demanda en la alimentación del recién nacido también implica que la madre sea proactiva y ofrezca el pecho con frecuencia.

Los lactantes delicados e hipersensibles, neurológicamente estresados, pueden tener dificultades en la transición de un estado a otro, siendo más irritables. Un ambiente tranquilo, poco estímulo ambiental o agarrarlo con firmeza y arroparlo pueden facilitar el inicio de la alimentación.

 

6.1 CAMBIOS EN LA DEMANDA

Durante el tiempo de amamantamiento los lactantes van regulando la cantidad de leche que la madre produce de acuerdo con la leche que toman. Existen unos periodos concretos en los que la leche producida parece no ser suficiente para sus necesidades. Esto se traduce en brotes de mayor demanda, también conocidos como crisis de lactancia, que se dan a una edad similar en todos los lactantes que los presentan, por lo que nos permiten entender su comportamiento y normalizarlo. Generalmente estos escalones de crecimiento se suelen dar hacia la tercera semana, hacia la sexta o séptima semana, a los tres meses, al año y a los dos años de vida.

En los inicios de la lactancia y durante las primeras dos o tres semanas el lactante se comporta de manera similar. Duerme la mayor parte del día, se despierta para mamar y hace deposiciones y micciones. Alrededor de los veinte días de vida cambia su conducta y repentinamente quiere tomar el pecho de forma continua, llora si no lo tiene en la boca e incluso regurgita leche y sigue mamando. Este comportamiento durará dos o tres días en los que tratará de aumentar la producción a base de mayor estímulo del pecho. Cuando esto ocurre, el recién nacido o recién nacida debería haber recuperado el peso del nacimiento, y si además hace deposiciones abundantes no hay de qué preocuparse.

Hacia las seis o siete semanas acontece un ligero cambio de sabor de la leche, haciéndose más salada. Los lactantes que lo notan actúan aumentando el número de tomas y comportándose de forma más inquieta durante la toma. Pueden mover la cabeza, dar tirones, llorar o arquear la espalda. Suele durar hasta una semana tras la cual todo se normaliza de nuevo.

Sobre los tres meses de vida la succión deja de ser un reflejo y pasa a ser un comportamiento aprendido que realizan de manera cada vez más hábil. Las tomas se acortan ya que en pocos minutos son capaces de obtener toda la leche que necesitan y se distraen con facilidad. Sus conexiones neuronales aumentan y comienzan a interesarse por el entorno más allá de su madre. Esta crisis quizá sea la que más pone en peligro el mantenimiento de la lactancia materna exclusiva. Lo descrito anteriormente junto con que disminuye el ritmo de crecimiento, disminuyen las deposiciones, el reflejo de eyección es algo más lento y la madre nota los pechos más blandos pueden minar la confianza de ésta y llevar al erróneo inicio de suplementación.

A partir del año de vida los niños pierden interés por la alimentación sólida y demandan más el pecho. Se trata de un periodo de enlentecimiento del crecimiento y no necesitan comer tanto. Sin embargo, no dejan de querer el pecho, sino que además aumentan su demanda del mismo. Generalmente hacia los quince o dieciocho meses vuelven a interesarse más por la comida, al aumentar de nuevo sus necesidades.

La última crisis descrita es la de los dos años: los niños son independientes para muchas cosas, lo cual a la vez les causa miedo e inseguridad, por lo que se refugian en el contacto materno y las tomas al pecho. Aumentan la demanda como si fueran recién nacidos para disminuirla en unos meses.

Se han descrito, hacia los cuatro y los ocho meses, otras dos “falsas crisis” de lactancia. Son épocas de mayores despertares nocturnos en los que los lactantes se calman automáticamente con el pecho.

 

En todos estos periodos el apoyo a las madres en fundamental por parte de su entorno y de los profesionales. Para ello es muy importante conocer lo que ocurre y saber que va a pasar, ayudar a la madre a escuchar a su criatura y a creer en su capacidad de superarlo.

 

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