El rechazo del pecho puede presentarse de forma repentina en un lactante que ya tenía instaurada la lactancia y que habitualmente mamaba con frecuencia. En estos casos es importante diferenciar una huelga de lactancia de un destete natural, ya que este último suele producirse de forma gradual. El rechazo puede deberse a múltiples causas, como ingurgitación mamaria, alteraciones del reflejo de eyección, mastitis, diferencias entre los pechos o pezones, uso de cremas o cambios de olor, utilización de tetinas o chupetes, dolor de oídos, congestión nasal, alimentación complementaria excesiva, vuelta al trabajo, embarazo, retorno de la menstruación, dentición, mordiscos, cambios en el desarrollo o sobreestimulación. Ante esta situación se recomienda buscar la causa, tener paciencia, transmitir seguridad a la madre, favorecer el contacto piel con piel, probar diferentes posiciones y ofrecer el pecho con frecuencia sin forzar al bebé. También puede ser útil amamantar cuando esté tranquilo o dormido, comenzar por el pecho preferido, extraer leche del pecho rechazado para mantener la producción y, si el rechazo persiste, recurrir a la lactancia diferida mediante alternativas al biberón.
Los baches o crisis de lactancia son periodos en los que aumenta o cambia la demanda del bebé y pueden generar en la madre la sensación de que existe un rechazo o de que produce menos leche. Se describen especialmente alrededor de las 3 semanas, las 6-7 semanas, los 3 meses, el año y los 2 años. La crisis de los 3 meses es especialmente relevante, ya que el bebé adquiere una succión más eficaz, realiza tomas más cortas y aparentemente caóticas y los pechos pueden sentirse más blandos, mientras que la mayor curiosidad por los estímulos externos modifica el patrón de lactancia. Estos cambios pueden interpretarse erróneamente como falta de leche y llevar a introducir fórmula artificial, favoreciendo el abandono progresivo de la lactancia. Al año disminuye el ritmo de crecimiento y pueden reducirse las necesidades alimentarias, mientras que alrededor de los dos años los cambios hacia una mayor independencia pueden acompañarse de una mayor necesidad de seguridad y contacto mediante el pecho.
El cólico del lactante se caracteriza por episodios de llanto intenso e inconsolable, irritabilidad y, en ocasiones, rigidez del tronco o las extremidades, en lactantes sanos. No existen pruebas analíticas específicas para diagnosticarlo, por lo que el diagnóstico se basa en la anamnesis y la exclusión de otras causas de llanto. Tradicionalmente, la regla de los 3 de Wessel describe episodios de más de 3 horas al día, más de 3 días a la semana y durante más de 3 semanas; suele presentarse principalmente en lactantes menores de 3 meses. El llanto debe ser paroxístico, cualitativamente diferente del llanto habitual, acompañado de hipertonía e inconsolabilidad. Las recomendaciones incluyen favorecer el contacto físico mediante porteo, masajes y caricias, reducir los estímulos externos, mantener la lactancia a demanda y proporcionar un entorno tranquilo. También es importante anticiparse al llanto, transmitir a la familia la temporalidad del cuadro, detectar posibles indicios de depresión puerperal, valorar la modificación de la dieta cuando proceda y proporcionar apoyo y seguimiento.
