La historia de la lactancia materna es la historia de la humanidad. Amamantar es un hecho consustancial al ser humano y de ello ha dependido la supervivencia de nuestra especie. Somos criaturas altriciales, es decir, que dependemos de nuestra madre durante un largo periodo de tiempo después de nacer, y sin ella o sin otro cuidador adulto no sobreviviríamos. La lactancia materna en sus dimensiones biológica y psicosocial juega un papel fundamental en el desarrollo del ser humano tras el nacimiento.
Cada especie de mamíferos ha desarrollado la capacidad de nutrir a su descendencia a lo largo de la evolución con influencia de factores genéticos y medioambientales. La composición de la leche de cada especie determina sus características de vida, variando los tipos y cantidades de nutrientes en función de sus necesidades. Los humanos somos mamíferos superiores y en las primeras semanas o meses de vida aumentamos exponencialmente en tamaño corporal y desarrollo neurológico. Durante este tiempo la leche materna aporta todo lo necesario para que este proceso ocurra en las condiciones óptimas.
La forma de traer al mundo a nuevos individuos humanos ha cambiado y la reproducción y la crianza se han medicalizado. Los profesionales sanitarios que están en contacto con las mujeres y sus familias durante este proceso deben informar sobre los beneficios de la lactancia materna y estar actualizados en las últimas recomendaciones. Este es el campo de la medicina más afectado por el sesgo personal de quienes trabajan en él. Los trabajadores y trabajadoras suelen basar las recomendaciones en función de su experiencia personal, lo cual no es ético ni representativo de la realidad. A nuestra sociedad actual le preceden décadas de predominio de la alimentación con fórmula y desconocimiento sobre la lactancia materna.
Se recomienda tratar el tema de la alimentación del recién nacido durante el embarazo, pasado el primer trimestre. Se debe tener en cuenta a las familias de las mujeres, implicando en el tema a su pareja y a su madre, quienes han demostrado ser dos figuras de apoyo importantes en el entorno de la mujer puérpera. La abuela de la criatura suele tener un papel de peso en la crianza del recién nacido o recién nacida, ya que para la madre suele ser una referencia de cuidados. En muchas ocasiones las abuelas no han amamantado o lo han hecho durante un corto periodo de tiempo que terminó por recomendación médica, debido al desconocimiento de la época. Hacerles partícipes de la formación en lactancia materna puede ayudar a que el amamantamiento sea más exitoso.
Existe una serie de factores psicosociales que influyen en la lactancia materna. Los factores predisponentes son los aspectos internos de la mujer que le motivan para amamantar. Pueden ser sus valores y creencias, la información que ha obtenido, la norma subjetiva, etc. Están también los factores facilitadores, los que ayudan con el amamantamiento cuando ya existe la motivación. Éstos son sus habilidades y los recursos a los que puede acceder, como grupos de apoyo, profesionales sanitarios formados, accesorios de lactancia, etc... Por último, están los factores reforzantes, que son las consecuencias que tiene para la madre dar de mamar. Esto es cómo reaccionen las personas clave de su entorno, su propio reconocimiento de los logros, los beneficios o perjuicios físicos y emocionales, o las consecuencias tangibles como el ahorro de dinero.
En función de todos estos elementos la madre mantendrá o no la lactancia materna. Conocerlos ayuda al asesoramiento de la madre lactante, así como a la planificación de programas de salud y grupos de apoyo.
- CONSEJERÍA EN LACTANCIA MATERNA
Cuando asesoramos a una madre y a su familia sobre lactancia materna estamos estableciendo una relación de ayuda. Nuestro asesoramiento debe basarse en la consejería, en tratar de entender cómo se sienten y darles herramientas para que ellas mismas resuelvan las dificultades que refieren, activando sus propios recursos.
Cómo hablamos con las madres está directamente relacionado con el éxito de la lactancia. Una madre que se siente comprendida y apoyada estará capacitada para seguir con la lactancia materna y confiará en las recomendaciones prácticas que le ofrezca su profesional de referencia. Necesitamos conocer técnicas de comunicación que nos permitan acercarnos al lado más emocional de la lactancia materna, pues la mujer puérpera comprende la información directa y sencilla. La mujer debe confiar en su capacidad responsable de tomar decisiones y en la capacidad de su hijo o hija como mamífero.
Para una comunicación interpersonal eficaz debemos tener en cuenta la comunicación verbal y la no verbal, que es la que más información aporta. Según la tendencia de cada persona para la interpretación del lenguaje no verbal habrá gente que reciba más datos a través de los gestos y el tacto (kinestesia), otros reciben más información por las palabras y el tono de voz (auditivo) y otros que se quedan más con las imágenes e interpretación de los gestos (visual). Se debe tener en cuenta la información que el locutor da de modo verbal.
La expresión corporal, la mirada, la altura de la cabeza, la posición y dirección del cuerpo, la distancia y otros elementos aportan información relevante en la comunicación con la mujer. La proxémica es el concepto que estudia la distancia durante la comunicación entre las personas. Cuando trabajamos con la diada madre-hijo estamos a una distancia íntima, entre 45 y 15 centímetros. Es muy frecuente que haya contacto físico entre asesora y madre, incluso en zonas delicadas como puede ser el pecho. Es básico pedir permiso antes de tocar a la madre y al lactante y respetar su decisión.
En la entrevista con la mujer usaremos preguntas abiertas. Éstas son las que permiten respuestas amplias, ya que no pueden contestarse con pocas palabras. Las partículas interrogativas que se usan en las preguntas abiertas son qué, quién, cómo, cuándo, dónde o por qué. Con estas cuestiones se recaba más información y demuestran interés por parte de quien pregunta. Se hace una formulación sencilla, se espera y se acepta la respuesta.
Cuando la madre está hablando debemos realizar una escucha activa. Esto consiste en demostrar interés, lo cual mostraremos mirándola, asintiendo con la cabeza o parafraseando lo que ha dicho. También evitaremos enjuiciar y esperaremos a que hable de sus emociones y sentimientos, con paciencia, evitando interrumpir. La validación emocional es fundamental por parte de quien asesora. Podemos interpretar lo que percibimos emocionalmente de la otra persona poniendo nombre a los sentimientos que creemos que puedan estar aflorando e iniciar así el diálogo. Esto nos hará conectar con la otra persona desde la empatía y el respeto.
Aceptar los sentimientos de la madre y sus respuestas a nuestras preguntas es fácil si pensamos como ella, pero puede costar más si no opinamos de la misma manera. Aceptar no significa estar de acuerdo, podemos explicar la disconformidad de manera asertiva.
Reforzar la confianza y dar apoyo es básico en el asesoramiento. La mujer debe estar segura de que es capaz de hacerlo, y su hijo también lo es. Debemos elogiar sus logros y ayudarle a sentirse bien consigo misma. Cuando la lactancia materna no funciona también debemos dar un apoyo positivo a la madre. Nombraremos el beneficio que ha supuesto amamantar durante ese tiempo y reconoceremos la pérdida que siente. Se debe dar a entender que lo más importante es la relación con su hijo o hija y el seguir con la crianza.
En interés de quien asesora hace que las emociones ambivalentes que puede sentir la madre lactante sean llevaderas para ella y su familia. El manejo de la diada madre-hijo es complejo, pero nuestra actuación como asesoras determina el éxito de la lactancia, con todo lo que esto conlleva. La actitud respetuosa siempre abrirá las puertas de la relación de ayuda.
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