Durante la lactancia, la producción de leche depende principalmente de la demanda del lactante y del vaciamiento eficaz del pecho, por lo que la dieta materna influye menos en la cantidad de leche que estos factores. Se recomienda una alimentación saludable, suficiente y variada, sin restricciones alimentarias rutinarias; las necesidades energéticas aumentan aproximadamente 330–400 kcal/día. Las dietas muy restrictivas, los ayunos prolongados y la pérdida de peso rápida deben evitarse. Las dietas vegetarianas o veganas pueden ser adecuadas si están bien planificadas, pero debe prestarse especial atención a la vitamina B12, ya que su déficit materno puede provocar déficit en el lactante y consecuencias hematológicas y neurológicas.
En cuanto a los suplementos, durante la lactancia destaca especialmente el yodo, cuya ingesta recomendada total es de 290 μg/día; se aconseja un suplemento que aporte 150 μg/día de yodo, especialmente cuando la dieta no garantiza un aporte suficiente. La vitamina D es fundamental para el metabolismo óseo y la prevención del raquitismo, pero la leche materna por sí sola no suele aportar suficiente cantidad al lactante, por lo que se recomienda administrar al lactante 400 UI/día desde los primeros días de vida hasta el año. En mujeres sanas con dieta variada no se necesitan suplementos universales de hierro, zinc o calcio, aunque pueden estar indicados de forma individualizada cuando existen déficits, dietas restrictivas o situaciones de riesgo.
La cafeína pasa a la leche en pequeñas cantidades y, con un consumo bajo o moderado, generalmente no produce efectos relevantes; como criterio prudente, se considera adecuado no superar aproximadamente 200 mg/día, especialmente teniendo en cuenta que los recién nacidos y prematuros la eliminan más lentamente. Por otro lado, no se recomienda eliminar alimentos alergénicos de forma preventiva: la alergia alimentaria a través de la leche materna es poco frecuente. Si existe sospecha de alergia a la proteína de leche de vaca, puede realizarse una exclusión materna durante 2–4 semanas, manteniendo la lactancia, seguida de reintroducción para confirmar la relación causal. Las dietas de exclusión prolongadas deben realizarse con asesoramiento dietético y valorar la necesidad de calcio y vitamina D.
