Tema 4. Seguridad en la integridad del paciente y otros problemas.


4. FLEBITIS

Según los datos del EPINE, entre un 60% y un 80% de los pacientes ingresados en un hospital portan un dispositivo para la administración intravenosa de farmacoterapia. Estos dispositivos se emplean también (aunque con menos prevalencia) en atención primaria, en atención domiciliaria y en centros sociosanitarios.

Se han descrito e informado múltiples incidentes y eventos adversos vinculados a estos dispositivos, siendo el más común y conocido la inflamación de la pared vascular o flebitis, lo que provoca un deterioro en el capital venoso del paciente.

Según sus casusas, las flebitis se pueden clasificar en mecánicas, químicas e infecciosas.

Las flebitis mecánicas o traumáticas se asocian con:

  • La ubicación y fijación de la vía.
  • La técnica de inserción.
  • El calibre del catéter.

La flebitis química o irritativa es la respuesta a la administración de ciertos agentes, sobre todo los ácidos o fármacos con una alta osmolaridad. Pero este tipo de flebitis también dependen de:

  • Las velocidades de infusión.
  • El material de catéter.
  • El tiempo de permanencia del mismo.

La flebitis infecciosa causada por bacterias es la menos frecuente, pero puede llegar a tener consecuencias más graves, predisponiendo a complicaciones sistémicas. Los factores de riesgo asociados a esta flebitis son:

  • Deficiente higiene de manos.
  • Asepsia inapropiada.
  • Manipulación inadecuada de los dispositivos de infusión.
  • Tratamientos demasiado prolongados.


La falta de monitorización del punto de inserción de un catéter puede causar que este tipo de flebitis llegue a provocar problemas sistémicos.

La flebitis en todas sus formas presenta una incidencia variable entre 0,3 y 0,9 flebitis por 1000 horas de catéter y se vincula a la presencia de ciertos factores de riesgo, pero es también muy dependiente de las buenas prácticas en la instauración y mantenimiento de las vías intravenosas periféricas. En gran medida es un evento adverso prevenible.

Dada la múltiple naturaleza de su origen y de los factores relacionados, sólo un conjunto de medidas bien coordinadas y basadas en la mejor evidencia disponible nos ayudarán a minimizar el riesgo. Ha de tenerse en cuenta que la variabilidad en la práctica y de recursos entre profesionales y centros, impide dar un conjunto de recomendaciones cerradas.

En todo caso, para la canalización de la vía estas medidas comprenderán:

  • Realización de una correcta higiene de manos (técnica adecuada y en el momento oportuno) combinada con el uso adecuado de guantes.
  • Selección del tipo de catéter apropiado según la duración estimada del tratamiento, su pH y osmolaridad y las posibles comorbilidades y situación clínica del paciente.
  • Seleccionar una adecuada zona de punción bajo estas premisas:
    - El catéter ha de ser el más fino y más corto posible para la finalidad prevista.
    - Puncionar preferentemente las extremidades superiores, en antebrazo mejor que en la mano y entre ellas la no dominante.
    - Puncionar partes distales pero por encima de punciones anteriores.
    - Seleccionar venas con buen relleno, del mayor diámetro posible.
  • En caso de abundante vello se aconseja retirarlo de la zona de punción.
  • Realizar limpieza de la piel con antiséptico, preferiblemente clorhexidina alcohólica > 0,5% dejándolo secar según recomendación del fabricante.
  • Fijar el catéter con técnica aséptica:
    - Si se emplean tiras en la fijación, evitar que toquen el punto de inserción.
    - Emplear preferentemente apósitos transparentes.


Las medidas a adoptar para la manipulación y el mantenimiento de la vía venosa son:

  • Vigilar y registrar diariamente el estado del punto de inserción. Para ello usar una escala validada como la de Maddox, asegurando la homogeneidad de criterios entre los profesionales.
  • Si la vía se utiliza para la administración intermitente de medicación, colocar un complemento con mecanismo de válvula (administración sin aguja), realizando la limpieza con antiséptico antes de cada uso.
  • En los períodos entre administración de medicación realizar lavados con suero fisiológico.
  • Si se trata de administración continua de medicación, cambiar equipos y accesorios entre 3 y 7 días.
  • El apósito transparente ha de cambiarse si está sucio, despegado o húmedo. El de gasa ha de cambiarse cada 48 horas.
  • Las guías actuales recomiendan el cambio de vía periférica cuando muestre signos clínicos de flebitis.
  • Retirar los catéteres innecesarios. Ha de valorarse una vez al día la necesidad del catéter en función de su uso y beneficio para el paciente.

En la mayoría de los sistemas de gestión de cuidados, la flebitis se contabiliza como un evento adverso a partir de su consignación como tal en el registro de vías periféricas, siendo escaso el número de estudios microbiológicos confirmatorios.

El registro de las vías periféricas, sus cuidados y motivos de retirada, no suelen incorporarse de forma sistemática en los informes de enfermería al alta, por lo que no entran en la continuidad asistencial. Sin embargo es recomendable que tanto desde el hospital, como desde atención primaria y servicios sociosanitarios se transmita la información relativa al capital venoso del paciente.