La donación en asistolia se ha consolidado en los últimos años como una estrategia fundamental para ampliar la disponibilidad de órganos para trasplante. Este procedimiento se basa en la obtención de órganos tras el diagnóstico de muerte por parada cardiorrespiratoria irreversible, una vez que se han interrumpido las maniobras de reanimación o cuando estas no están indicadas. Su desarrollo ha supuesto un avance importante en los sistemas de donación y trasplante, especialmente en países con programas consolidados de donación.
En el contexto de la atención urgente y del soporte vital avanzado, los profesionales de urgencias desempeñan un papel clave en la identificación precoz de posibles donantes, la activación de los protocolos de donación y la coordinación con los equipos de trasplante. Este proceso requiere una actuación estructurada, basada en criterios clínicos y organizativos definidos, que permita garantizar tanto la calidad asistencial durante la reanimación como el respeto a los principios éticos y legales que rigen la donación de órganos.
Por ello, el conocimiento de los protocolos de donación en asistolia resulta especialmente relevante para el personal de enfermería de urgencias, ya que forma parte del manejo integral del paciente en parada cardiorrespiratoria y del proceso asistencial que se inicia tras la finalización de las maniobras de reanimación.
FUNDAMENTOS CLÍNICOS Y ORGANIZATIVOS EN URGENCIAS
La donación en asistolia hace referencia a la obtención de órganos tras la muerte determinada por criterios circulatorios y respiratorios, es decir, tras el cese irreversible de la circulación sanguínea y de la respiración. Se diferencia de la donación tras muerte encefálica, en la que la certificación del fallecimiento se basa en criterios neurológicos, es decir, en el cese irreversible de todas las funciones del encéfalo. Ambas constituyen formas legal y médicamente aceptadas de determinación de la muerte, aunque implican procedimientos diagnósticos, clínicos y organizativos diferentes dentro del proceso de donación y trasplante.
En la práctica clínica actual, la clasificación más utilizada distingue dos grandes escenarios de donación en asistolia: la donación en asistolia no controlada (DANC) y la donación en asistolia controlada (DAC). La diferencia entre ambas no es únicamente temporal, sino también clínica, organizativa y ética.
En la asistolia no controlada, la parada cardiorrespiratoria se produce de forma súbita e inesperada, generalmente en el contexto de una reanimación que no logra recuperar la circulación espontánea. En cambio, en la asistolia controlada, el fallecimiento es previsible y ocurre tras la retirada planificada de medidas de soporte vital en pacientes con enfermedad irreversible o pronóstico vital extremadamente limitado.
En ambos escenarios, el proceso de donación requiere la aplicación de protocolos estructurados, una coordinación hospitalaria especializada y el estricto cumplimiento de los principios éticos y legales que regulan la donación de órganos. De manera fundamental, debe mantenerse siempre una separación clara entre la decisión clínica de limitar o finalizar las medidas de soporte vital y el procedimiento de donación, garantizando que la indicación asistencial se base exclusivamente en el interés del paciente y no en la posibilidad de donación.
En el ámbito de la atención urgente y del soporte vital avanzado, el conocimiento de estos procedimientos resulta especialmente relevante, ya que los equipos de urgencias participan con frecuencia en la identificación inicial de posibles donantes y en la activación de los circuitos asistenciales correspondientes. En este apartado se abordarán los principios, organización y aspectos clínicos fundamentales de la donación en asistolia en el contexto de la atención al paciente en parada cardiorrespiratoria.
DONACIÓN EN ASISTOLIA NO CONTROLADA (DANC)
El escenario típico de Urgencias
La asistolia no controlada es el contexto más frecuente en los servicios de urgencias. Se trata de una parada cardiorrespiratoria inesperada en la que se inicia soporte vital avanzado siguiendo las guías vigentes, pero no se consigue recuperación de circulación espontánea.
Es esencial recordar que, en este escenario, la prioridad absoluta es siempre la reanimación. La posibilidad de donación no puede influir en:
- La indicación de iniciar la RCP.
- La calidad ni la intensidad de las maniobras.
- La decisión de suspenderlas.
Solo cuando la reanimación se considera clínicamente fútil y se certifica la muerte por criterios circulatorios puede activarse el circuito de donación.
En la práctica, el proceso en urgencias sigue una secuencia ordenada. Se inicia la RCP avanzada conforme a protocolo. Si tras un tiempo adecuado de soporte vital avanzado no se logra recuperación y el perfil del paciente es potencialmente compatible con donación, puede realizarse un preaviso al coordinador de trasplantes. Esta comunicación no modifica la conducta reanimadora, sino que permite anticipar la evaluación posterior.
Una vez tomada la decisión colegiada de suspender las maniobras, se confirma la ausencia de circulación y respiración, y se respeta el periodo reglamentario de “no touch”, durante el cual no se realiza ninguna intervención. Tras este intervalo, se certifica oficialmente la muerte.
Solo entonces pueden iniciarse medidas de preservación orgánica. Estas no tienen finalidad terapéutica, sino de conservación de órganos. Pueden incluir ventilación con oxígeno al 100 %, mantenimiento de acceso vascular, sueroterapia básica, control térmico o, en centros protocolizados, masaje mecánico continuo. Todas estas actuaciones deben realizarse conforme a normativa y bajo coordinación especializada.
Desde el punto de vista ético, en la DANC es imprescindible:
- No prolongar la RCP con el único fin de preservar órganos.
- No introducir maniobras invasivas adicionales sin indicación clínica previa.
- No iniciar conversaciones sobre donación sin la participación del coordinador.
- Mantener una separación clara entre la decisión de finalizar la reanimación y la eventual donación.
En este contexto, el papel de urgencias es detectar, comunicar y preservar conforme a protocolo; la evaluación definitiva corresponde al equipo de coordinación de trasplantes.
DONACIÓN EN ASISTOLIA CONTROLADA (DAC)
Tras la retirada planificada de soporte vital
La asistolia controlada ocurre en pacientes con daño neurológico irreversible o enfermedad terminal en los que se ha tomado una decisión clínica independiente de limitación o retirada de medidas de soporte vital.
El elemento clave es que la decisión de retirada:
- Es exclusivamente clínica.
- Se adopta antes de considerar la donación.
- No depende de la posibilidad de trasplante.
Solo una vez establecida esa decisión puede plantearse la donación como una oportunidad de respetar la voluntad del paciente y generar beneficio social.
En la práctica, el proceso comienza con la identificación de un paciente con pronóstico irreversible. Tras la deliberación clínica y el consenso con la familia, se decide la limitación terapéutica. Antes de iniciar la retirada, se contacta con el coordinador de trasplantes para planificar el procedimiento conforme al protocolo territorial.
La retirada de soporte se realiza en un entorno monitorizado, garantizando en todo momento el confort del paciente. Una vez se produce la parada circulatoria, se confirma la ausencia de circulación y se respeta el periodo reglamentario sin intervención. Tras la certificación de la muerte, se inicia el proceso de preservación y extracción.
Durante el periodo previo a la retirada, el manejo clínico debe mantenerse dentro de los estándares habituales: ventilación adecuada, estabilidad hemodinámica y ausencia de maniobras invasivas adicionales no justificadas clínicamente.
Desde el punto de vista organizativo, la DAC exige:
- Comunicación estructurada entre equipo asistencial y coordinación.
- Entrevista familiar realizada por profesionales entrenados.
- Cumplimiento estricto de tiempos y requisitos legales.
MANEJO CLÍNICO DEL POTENCIAL DONANTE EN ASISTOLIA
El manejo del paciente potencialmente donante tras asistolia tiene como objetivo preservar la viabilidad de los órganos hasta el momento de la extracción, minimizando el daño isquémico y optimizando las condiciones de perfusión. Este manejo debe realizarse siempre dentro de los protocolos establecidos en cada centro y bajo la coordinación directa del equipo de trasplantes, garantizando en todo momento el cumplimiento de los principios éticos y legales que regulan el proceso de donación.
En la práctica clínica, las actuaciones sobre el potencial donante tras asistolia deben basarse en los protocolos locales de donación y en las indicaciones del coordinador de trasplantes, quien es el responsable de dirigir el proceso y adaptar las intervenciones a cada caso concreto. Por este motivo, aunque existen principios generales de manejo, las medidas específicas pueden variar entre centros y deben aplicarse siempre siguiendo las recomendaciones del programa de donación del hospital.
Desde el punto de vista clínico, las medidas se orientan fundamentalmente a preservar la perfusión y la oxigenación de los órganos y a limitar el daño isquémico hasta la obtención de los mismos. En muchos centros, esto incluye la instauración de técnicas de perfusión regional normotérmica mediante circulación extracorpórea, o bien la aplicación de estrategias de preservación rápida mediante perfusión con soluciones específicas, de acuerdo con los protocolos establecidos.
Cuando se emplean técnicas de perfusión o soporte circulatorio, puede ser necesario implementar medidas de soporte hemodinámico y respiratorio, tales como ventilación mecánica para optimizar la oxigenación de los órganos potencialmente trasplantables, reposición de volumen y, si procede, el uso de fármacos vasoactivos para mantener presiones de perfusión adecuadas. Asimismo, es importante realizar un control metabólico adecuado, corrigiendo alteraciones como la acidosis, las alteraciones electrolíticas o los trastornos de la glucemia, que pueden afectar a la viabilidad de los órganos.
Además, durante todo el proceso deben aplicarse medidas generales de preservación, incluyendo el control de la temperatura, la monitorización analítica y la obtención de las pruebas necesarias para la valoración del donante.
Es importante subrayar que todas estas intervenciones deben realizarse exclusivamente una vez confirmada la muerte por criterios circulatorios y siempre en el marco de los protocolos de donación. Del mismo modo, debe mantenerse una separación estricta entre la decisión clínica de finalizar las maniobras de reanimación o limitar el soporte vital y el proceso de donación, garantizando que la atención prestada al paciente se base únicamente en criterios clínicos y éticos.
En este contexto, el papel de los profesionales de urgencias y de enfermería es fundamental para identificar precozmente posibles donantes, activar los circuitos asistenciales correspondientes y colaborar en la aplicación de las medidas de preservación, siempre siguiendo las indicaciones del coordinador de trasplantes y los protocolos institucionales vigentes.
REFLEXIÓN FINAL
La donación en asistolia representa un avance organizativo y ético en la medicina actual. Permite ampliar el acceso al trasplante respetando la dignidad del fallecido y la legalidad vigente.
En urgencias, el profesional debe comprender que su papel no es decidir sobre la donación, sino garantizar que el proceso clínico sea correcto, ético y protocolizado. La separación entre la decisión terapéutica y la posibilidad de donación es el pilar que sustenta la confianza social en el sistema.
Cuando se actúa con rigor clínico, transparencia y coordinación adecuada, la donación en asistolia se convierte en una oportunidad de generar vida a partir de una muerte que ya se ha producido conforme a criterios médicos y legales.
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