TEMA 6. TRASTORNOS HIDROELECTROLÍTICOS Y ÁCIDO-BASE: SODIO, POTASIO Y EQUILIBRIO ÁCIDO-BASE


Los trastornos del sodio, potasio y equilibrio ácido-base son alteraciones frecuentes en urgencias y pueden producir complicaciones graves, especialmente neurológicas y cardiovasculares. La hiponatremia (edema cerebral, confusión, convulsiones y coma, siendo especialmente importante valorar su rapidez de instauración y el estado de volemia. Su tratamiento depende de la causa y de la gravedad; en casos con síntomas neurológicos graves puede requerirse suero salino hipertónico al 3%, evitando siempre una corrección excesivamente rápida. La hipernatremia (>145 mEq/L), generalmente relacionada con un déficit de agua, provoca deshidratación celular y alteraciones neurológicas, por lo que requiere una reposición progresiva y controlada de agua, especialmente cuando es crónica.

Las alteraciones del potasio tienen especial importancia por su repercusión sobre la conducción eléctrica cardiaca. La hiperpotasemia puede producir ondas T picudas, ensanchamiento del QRS, arritmias y parada cardiaca, por lo que el ECG y la monitorización cardiaca son prioritarios. En situaciones graves, el tratamiento busca estabilizar el miocardio con calcio intravenoso, desplazar temporalmente el potasio al interior celular mediante insulina y glucosa y, posteriormente, eliminar el potasio del organismo. La hipopotasemia puede causar debilidad muscular, calambres, íleo, alteraciones del ECG y arritmias, y se trata mediante reposición de potasio, preferentemente por vía oral en casos leves; cuando es necesaria la vía intravenosa, el potasio debe administrarse diluido y nunca en bolo IV directo, vigilando además el magnesio y la función renal.

Las alteraciones del equilibrio ácido-base, especialmente la acidosis metabólica y la alcalosis metabólica, suelen ser consecuencia de procesos subyacentes como shock, sepsis, cetoacidosis diabética, insuficiencia renal, pérdidas digestivas, diuréticos o intoxicaciones. La acidosis metabólica se caracteriza por un descenso del bicarbonato (HCO₃⁻) y del pH, y el anión gap permite orientar su causa; el tratamiento prioritario consiste en corregir el proceso desencadenante, reservándose el bicarbonato sódico para situaciones seleccionadas. La alcalosis metabólica puede asociarse a hipopotasemia, hipocloremia, hipovolemia y alteraciones neuromusculares o cardiacas, por lo que requiere valorar gasometría, electrolitos, hidratación y ECG. En todos estos trastornos, la actuación enfermera se centra en la valoración clínica, monitorización, control de ECG, glucemia, electrolitos y diuresis, administración segura del tratamiento y detección precoz de complicaciones