Las alteraciones del calcio, magnesio y fósforo son frecuentes en urgencias y pueden aparecer en situaciones como insuficiencia renal, enfermedad endocrina, neoplasias, sepsis, pancreatitis, malnutrición, alcoholismo, síndrome de realimentación y cetoacidosis diabética. El calcio interviene en la excitabilidad neuromuscular, la contracción muscular y la estabilidad eléctrica cardiaca. La hipocalcemia puede producir parestesias, calambres, tetania, convulsiones, laringoespasmo y arritmias, mientras que la hipercalcemia puede causar deshidratación, poliuria, alteración neurológica, deterioro renal y arritmias. En ambos casos es fundamental valorar el calcio ionizado, la función renal, los electrolitos y realizar ECG cuando exista riesgo cardiaco.
La hipocalcemia se trata según la gravedad, utilizando calcio oral en casos leves y gluconato cálcico IV en situaciones sintomáticas o graves, siempre administrado lentamente y con monitorización. En la hipercalcemia grave, la medida inicial suele ser la hidratación con suero fisiológico, pudiendo utilizarse posteriormente calcitonina, bisfosfonatos, corticoides o hemodiálisis según la causa y la situación clínica. Por otro lado, la hipomagnesemia puede provocar temblor, calambres, debilidad, tetania, convulsiones, prolongación del QT y arritmias, además de dificultar la corrección de la hipopotasemia y la hipocalcemia; en casos graves se administra sulfato de magnesio IV. La hipermagnesemia, generalmente asociada a insuficiencia renal o exceso de aporte, puede ocasionar hiporreflexia, hipotensión, bradicardia y depresión respiratoria, pudiendo requerir calcio IV o hemodiálisis.
Las alteraciones del fósforo también tienen importantes repercusiones clínicas. La hipofosfatemia aparece especialmente en el síndrome de realimentación, la cetoacidosis diabética, la alcalosis respiratoria, la sepsis y determinados tratamientos, y cuando es grave puede producir debilidad muscular, confusión, convulsiones, rabdomiólisis, disfunción miocárdica e insuficiencia respiratoria. Su tratamiento consiste en fosfato oral o IV según la gravedad, con especial precaución en pacientes con insuficiencia renal. La hiperfosfatemia, frecuente en la insuficiencia renal, lisis tumoral y rabdomiólisis, puede provocar hipocalcemia secundaria, con tetania, convulsiones y prolongación del QT; se maneja tratando la causa, restringiendo el fósforo y utilizando quelantes o hemodiálisis cuando sea necesario. En todos estos trastornos, los cuidados enfermeros se centran en la valoración de síntomas, monitorización ECG, control de electrolitos y función renal, administración segura del tratamiento y prevención de complicaciones.
