Las urgencias endocrino-metabólicas son situaciones potencialmente graves en las que las alteraciones hormonales, glucémicas, hidroelectrolíticas o ácido-base pueden provocar deterioro neurológico, inestabilidad hemodinámica, arritmias, insuficiencia respiratoria, shock o muerte. En la atención inicial es fundamental reconocer rápidamente los patrones de gravedad, como la hipoglucemia, la hiperglucemia con cetosis o hiperosmolaridad, la hiponatremia, la hiperpotasemia, la acidosis metabólica, las alteraciones de la temperatura y la insuficiencia suprarrenal aguda. El papel de enfermería es esencial mediante el triaje, valoración sistemática, control de glucemia, constantes vitales, monitorización, canalización de vías, administración segura de tratamientos y reevaluación continua.
La valoración debe realizarse siguiendo el enfoque ABCDE, priorizando la identificación y tratamiento de las amenazas vitales. En la vía aérea se debe detectar el riesgo de obstrucción y broncoaspiración; en la respiración, valorar frecuencia, saturación y patrón respiratorio, prestando especial atención a la respiración Kussmaul asociada a acidosis metabólica; y en la circulación, identificar hipotensión, shock, deshidratación y arritmias relacionadas con alteraciones electrolíticas. La valoración neurológica debe incluir siempre una glucemia capilar inmediata, especialmente ante confusión, convulsiones, somnolencia o coma. Finalmente, la exposición permite identificar alteraciones de temperatura, hidratación, piel, signos de infección, enfermedad tiroidea o suprarrenal y posibles desencadenantes.
Las pruebas iniciales deben adaptarse al estado clínico, pero la glucemia capilar, la cetonemia, la tira de orina, el ECG, la temperatura, la escala de Glasgow, el balance hídrico y la diuresis horaria son herramientas fundamentales para orientar rápidamente el diagnóstico y valorar la respuesta al tratamiento. La analítica puede incluir glucosa, sodio, potasio, calcio, magnesio, fósforo, osmolaridad, gasometría, lactato, cetonas, función renal y hepática, además de estudios hormonales o microbiológicos cuando estén indicados. La interpretación debe realizarse siempre relacionando los resultados con la situación clínica, ya que la detección precoz de alteraciones metabólicas y la reevaluación continua son claves para prevenir el deterioro y las complicaciones graves.
