TEMA 11. ISQUEMIA ARTERIAL AGUDA


La isquemia arterial aguda es una urgencia vascular tiempo-dependiente producida por la interrupción brusca del flujo arterial hacia una extremidad, lo que compromete rápidamente su viabilidad. Las causas más frecuentes son el émbolo arterial, habitualmente de origen cardíaco como la fibrilación auricular, y la trombosis sobre una arteria previamente enferma. La ausencia de circulación provoca hipoxia tisular, daño progresivo en músculos y nervios y, si no se restablece el flujo a tiempo, puede evolucionar hacia necrosis, pérdida de la extremidad o complicaciones sistémicas graves. La presentación clínica clásica se resume en las "6 P": dolor, palidez, ausencia de pulso, parestesias, parálisis y frialdad, siendo el déficit motor un signo de isquemia avanzada.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico y no debe retrasarse por la realización de pruebas complementarias. La exploración física debe valorar de forma sistemática los pulsos periféricos, el color, la temperatura, la sensibilidad y la movilidad de la extremidad, comparándola siempre con la contralateral. El Eco-Doppler vascular permite confirmar la ausencia de flujo y orientar el nivel de la obstrucción, mientras que la angio-TC es la prueba de elección en pacientes estables para planificar la revascularización. El tratamiento debe iniciarse de inmediato con heparina no fraccionada intravenosa, analgesia y mantenimiento de la extremidad en posición neutra o declive, evitando elevarla. El tratamiento definitivo consiste en la revascularización urgente, mediante embolectomía quirúrgica, trombectomía percutánea o fibrinólisis intraarterial, según la causa, el tiempo de evolución y la viabilidad de la extremidad.

El papel de enfermería es esencial en la detección precoz y el seguimiento continuo del paciente, mediante la vigilancia de los cambios en el dolor, la coloración, la temperatura, la presencia de pulsos, la administración de la anticoagulación, la monitorización clínica y la preparación para la revascularización urgente. Tras el tratamiento, es fundamental detectar complicaciones como el síndrome compartimental, la rabdomiólisis, el fracaso renal agudo o las alteraciones derivadas de la reperfusión. Entre los errores más frecuentes destacan no sospechar la enfermedad a tiempo, realizar una exploración vascular incompleta, retrasar la anticoagulación o la derivación a cirugía vascular, ya que en la isquemia arterial aguda el tiempo hasta la revascularización es el principal determinante del pronóstico.