12.1 INTRODUCCIÓN CLÍNICA
El síndrome aórtico agudo engloba un conjunto de entidades graves caracterizadas por la afectación súbita de la pared aórtica, entre las que se incluyen la disección aórtica, el hematoma intramural y la úlcera aterosclerótica penetrante.
Se trata de una urgencia cardiovascular tiempo-dependiente con elevada mortalidad si no se reconoce y trata de forma precoz. En urgencias, su importancia radica en que puede simular otras patologías frecuentes, especialmente el síndrome coronario agudo, lo que hace imprescindible mantener un alto índice de sospecha.

Imagen 36
12.2 FISIOPATOLOGÍA
La disección aórtica, entidad más representativa del síndrome, se produce por un desgarro en la capa íntima de la aorta que permite la entrada de sangre en la pared vascular, creando un falso lumen. Este proceso puede progresar longitudinalmente y comprometer ramas arteriales, originando fenómenos de malperfusión.
El resultado es una situación dinámica en la que pueden coexistir:
- Rotura aórtica.
- Compromiso coronario o cerebral.
- Isquemia visceral o de extremidades.
Este comportamiento explica la gran variabilidad clínica y la potencial gravedad del cuadro.
12.3 PRESENTACIÓN CLÍNICA Y SOSPECHA EN URGENCIAS
La presentación clásica es un dolor torácico brusco, intenso y de inicio súbito, descrito a menudo como desgarrador. Puede irradiarse a espalda, abdomen o región lumbar según la localización de la disección.
Sin embargo, la clínica puede ser más variable, incluyendo:
- Síncope.
- Déficit neurológico.
- Dolor abdominal.
- Signos de isquemia periférica.
En la exploración, pueden encontrarse datos clave como:
- Asimetría de pulsos o de presión arterial.
- Soplo de insuficiencia aórtica.
- Signos de hipoperfusión.
La combinación de dolor torácico atípico + asimetría de pulsos debe hacer sospechar disección aórtica.
12.4 DIAGNÓSTICO EN URGENCIAS
El diagnóstico debe ser rápido y dirigido, sin retrasar el tratamiento inicial.
12.4.1 Prueba de imagen
La prueba de elección es la angio-TC aórtica, considerada el gold standard en la práctica clínica actual, ya que permite:
- Confirmar el diagnóstico.
- Localizar el desgarro.
- Clasificar la disección.
- Identificar complicaciones.
En pacientes inestables, la ecocardiografía (especialmente transesofágica) puede ser útil como herramienta rápida.
12.4.2 ECG y analítica
El ECG puede ser normal o mostrar cambios inespecíficos. Su principal utilidad es el diagnóstico diferencial con síndrome coronario agudo.
La analítica no es diagnóstica, aunque puede mostrar elevación de marcadores si existe compromiso orgánico. El dímero D puede elevarse, pero no es una prueba confirmatoria ni se utiliza de forma rutinaria para diagnóstico.
12.4.3 Clasificación y relevancia clínica
La clasificación más utilizada es la de Stanford:
- Tipo A: afecta a aorta ascendente.
- Tipo B: no afecta a aorta ascendente.
Esta distinción es fundamental porque condiciona el tratamiento.
Imagen 37. La clasificación de DeBakey (1, 2, 3, es más anatómica y menos utilizada en urgencias.)
12.5 MANEJO EN URGENCIAS
El manejo del síndrome aórtico agudo debe iniciarse desde la sospecha clínica, con un enfoque dirigido a estabilizar al paciente, reducir el estrés sobre la pared aórtica y acelerar el tratamiento definitivo.
12.5.1 Abordaje inicial ABCDE
En urgencias, el paciente debe evaluarse de forma sistemática siguiendo el enfoque ABCDE, ya que puede deteriorarse rápidamente.
A (Airway): Valorar permeabilidad de la vía aérea. En pacientes con disminución del nivel de conciencia o compromiso respiratorio, puede ser necesaria la protección de la vía aérea.
B (Breathing): Evaluar frecuencia respiratoria, trabajo respiratorio y saturación. Administrar oxígeno si precisa. La insuficiencia respiratoria puede aparecer en contextos de complicación (edema pulmonar, shock).
C (Circulation): Es el punto clave. Debe evaluarse:
- Tensión arterial en ambos brazos (posibles diferencias).
- Frecuencia cardiaca.
- Pulsos periféricos.
- Signos de hipoperfusión.
Es fundamental establecer accesos vasculares precoces y monitorización continua. En pacientes con hipotensión o shock, debe sospecharse complicación grave (rotura, taponamiento, malperfusión).
D (Disability): Valoración neurológica básica. La presencia de déficit neurológico puede indicar afectación de ramas aórticas.
E (Exposure): Exploración completa buscando signos de isquemia periférica, frialdad o asimetrías.
Medidas iniciales
Una vez estabilizado el ABCDE, deben iniciarse medidas dirigidas:
- Monitorización continua.
- Analgesia precoz (opioides).
- Control hemodinámico.
- Preparación urgente para Angio-TC.
12.5.2 Control hemodinámico (terapia antiimpulso)
El objetivo del tratamiento médico inicial es reducir el estrés mecánico sobre la aorta.
El primer paso es el control de la frecuencia cardiaca y del dolor mediante betabloqueantes intravenosos. Posteriormente, si persiste hipertensión, pueden añadirse vasodilatadores.
12.6 TRATAMIENTO DEFINITIVO Y URGENCIA QUIRÚRGICA
El tratamiento depende del tipo de disección, pero también de la presencia de complicaciones, que convierten el cuadro en una emergencia quirúrgica inmediata.
- Disección tipo A → cirugía urgente siempre.
- Disección tipo B no complicada → manejo médico.
- Disección tipo B complicada → tratamiento endovascular urgente.
Existen situaciones que deben reconocerse como emergencia vital inmediata, en las que no puede demorarse la intervención:
- Rotura aórtica o sospecha de rotura.
- Taponamiento cardíaco.
- Shock o inestabilidad hemodinámica.
- Isquemia de órganos (cerebral, visceral, renal, extremidades).
- Dolor persistente no controlado o progresión clínica.
En estos casos, la prioridad es la derivación urgente a cirugía o tratamiento intervencionista, manteniendo simultáneamente las medidas de soporte y control hemodinámico.
12.7 ERRORES FRECUENTES
Uno de los errores más habituales es infravalorar el dolor torácico o dorsal de inicio brusco, especialmente cuando no presenta características típicas de síndrome coronario agudo, lo que puede retrasar el diagnóstico.
También es frecuente no integrar adecuadamente los hallazgos clínicos, como la diferencia de pulsos o de presión arterial entre extremidades, o la presencia de síntomas neurológicos asociados, perdiendo así datos clave para la sospecha diagnóstica.
Desde el punto de vista terapéutico, un error relevante es priorizar la reducción de la presión arterial sin controlar previamente la frecuencia cardiaca, lo que puede aumentar el estrés sobre la pared aórtica. Del mismo modo, los descensos bruscos de la presión arterial pueden resultar perjudiciales si no se realizan de forma controlada.
Otro aspecto crítico es el retraso en la realización de pruebas de imagen o en la activación de equipos especializados, especialmente en las disecciones tipo A, donde el tiempo condiciona directamente el pronóstico.
Por último, no debe olvidarse que la patología aórtica es una urgencia tiempo-dependiente, y que la falta de sospecha clínica sigue siendo uno de los principales factores asociados a retraso diagnóstico.
12.8 CUIDADOS DE ENFERMERÍA
El manejo de la patología aórtica en urgencias requiere una actuación rápida, coordinada y altamente vigilante, en la que el papel de enfermería es clave desde la sospecha inicial hasta la estabilización del paciente.
Desde el primer contacto, es fundamental mantener un enfoque estructurado, asegurando la monitorización continua de la tensión arterial, la frecuencia cardiaca, la saturación y el estado neurológico, dado el alto riesgo de deterioro súbito. La medición de la presión arterial en ambos brazos puede aportar información relevante en fases iniciales.
El control hemodinámico constituye uno de los pilares del manejo. La enfermería participa activamente en la administración cuidadosa y titulada de fármacos intravenosos, especialmente betabloqueantes y vasodilatadores, evitando descensos bruscos de la presión arterial que puedan comprometer la perfusión de órganos vitales.
Es imprescindible asegurar accesos vasculares precoces y adecuados, así como preparar al paciente para pruebas diagnósticas urgentes, principalmente angio-TC. En pacientes inestables, la vigilancia debe ser aún más estrecha, anticipando posibles complicaciones y facilitando la rápida activación de equipos especializados.
Asimismo, el control del dolor es un aspecto fundamental, ya que la analgesia adecuada no solo mejora el confort del paciente, sino que contribuye a reducir la activación simpática y el estrés hemodinámico sobre la aorta.
En todo momento, la enfermería desempeña un papel esencial en la detección precoz de signos de empeoramiento, como inestabilidad hemodinámica, déficit neurológico o signos de isquemia periférica.
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