14.1 INTRODUCCIÓN CLÍNICA
En el manejo de la patología cardiovascular crítica, existe un punto en el que el tratamiento farmacológico deja de ser suficiente para mantener una perfusión adecuada. Es en ese escenario donde cobran protagonismo los dispositivos de soporte mecánico, cuyo objetivo no es curar la enfermedad de base, sino sostener la vida mientras se actúa sobre la causa.
En la práctica clínica, estos dispositivos se utilizan en situaciones como el shock cardiogénico refractario, la parada cardiorrespiratoria o la insuficiencia cardiorrespiratoria grave, donde la perfusión tisular está comprometida a pesar del uso adecuado de fármacos vasoactivos e inotrópicos.
Desde el punto de vista conceptual, es importante entender que estos sistemas actúan como un puente: puente a la recuperación, a la revascularización, a la cirugía o, en algunos casos, a terapias avanzadas.
14.2 FISIOLOGÍA DE FUNCIONAMIENTO
Comprender cómo funcionan estos dispositivos permite anticipar su efecto clínico y sus posibles complicaciones.
14.2.1 Balón de contrapulsación intraaórtico (BCIAo)
El balón de contrapulsación se posiciona en la aorta descendente y actúa sincronizado con el ciclo cardíaco, generalmente guiado por el ECG.
Durante la diástole, el balón se infla, aumentando la presión diastólica en la aorta y favoreciendo así la perfusión coronaria. Posteriormente, justo antes de la sístole, el balón se desinfla de forma rápida, generando un efecto de “vacío” que reduce la poscarga ventricular.
Este doble mecanismo permite:
- Mejorar el aporte de oxígeno al miocardio.
- Disminuir el trabajo del ventrículo izquierdo.
Es, por tanto, un dispositivo de soporte hemodinámico indirecto.

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14.2.2 Venoarterial (VA)
La ECMO VA proporciona un soporte cardiocirculatorio completo. La sangre venosa es extraída del paciente, pasa por un sistema de oxigenación extracorpórea y es devuelta al sistema arterial, habitualmente a través de una cánula femoral.
De este modo, el dispositivo asume de forma parcial o total la función del corazón y de los pulmones, garantizando la perfusión de órganos vitales incluso en situaciones de fallo circulatorio severo.
Es, por tanto, un soporte sustitutivo directo de la función cardiaca.
14.2.3 ECMO venovenosa (VV)
En la ECMO VV, el circuito también oxigena la sangre, pero la devuelve al sistema venoso, por lo que no proporciona soporte circulatorio.
Su papel se limita al tratamiento de la insuficiencia respiratoria grave, permitiendo reducir la agresividad de la ventilación mecánica.
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14.3 MANEJO INICIAL Y CUIDADOS DE ENFERMERÍA
El manejo de pacientes candidatos o portadores de dispositivos de soporte mecánico comienza ya en urgencias, antes incluso de su implantación, y continúa durante todo el proceso asistencial. En este contexto, el papel de enfermería es fundamental, ya que combina la estabilización inicial con la vigilancia avanzada.
Desde el primer momento, estos pacientes requieren una actuación rápida y estructurada. El manejo inicial incluye la optimización hemodinámica mediante fármacos vasoactivos e inotrópicos, la instauración de una monitorización continua y, en muchos casos, avanzada, así como el establecimiento precoz de accesos vasculares adecuados, tanto para la administración de fármacos como para una posible canulación.
De forma paralela, es clave la activación precoz del equipo especializado, ya que el tiempo hasta la implantación del dispositivo influye directamente en el pronóstico.
En este tipo de pacientes, el tiempo vuelve a ser un factor determinante.
Una vez iniciado el soporte mecánico, los cuidados de enfermería adquieren un papel aún más relevante. Se trata de pacientes inestables, con alto riesgo de deterioro, que requieren una vigilancia continua y altamente especializada.
En el caso del balón de contrapulsación intraaórtico, es fundamental comprobar que el dispositivo se encuentra correctamente sincronizado con el ciclo cardíaco, así como vigilar de forma estrecha la perfusión distal, especialmente en la extremidad donde se ha realizado el acceso, para detectar precozmente signos de isquemia.
En pacientes con ECMO, la complejidad del manejo es significativamente mayor. La enfermería debe supervisar de forma continua el circuito extracorpóreo, identificando de manera precoz la aparición de coágulos, burbujas de aire o alteraciones en el flujo. Asimismo, resulta imprescindible el control riguroso de la anticoagulación, así como la monitorización del estado hemodinámico y respiratorio del paciente.
En todos los casos, el cuidado de los accesos vasculares es un aspecto crítico, dado el elevado riesgo de complicaciones. La detección precoz de signos de deterioro clínico, tanto sistémico como local, forma parte esencial del manejo.
14.4 COMPLICACIONES
El soporte mecánico, aunque potencialmente salvador, se asocia a un riesgo significativo de complicaciones, muchas de ellas inherentes tanto a la técnica como a la situación crítica del paciente.
Entre las complicaciones más frecuentes destacan el sangrado, especialmente en relación con la anticoagulación necesaria, la trombosis, la infección y la isquemia de extremidades, particularmente en dispositivos con acceso arterial.
En el caso de la ECMO, pueden aparecer además complicaciones específicas como la hemólisis, el fallo del circuito o alteraciones relacionadas con el flujo extracorpóreo.
Es importante asumir que estas complicaciones no son excepcionales, sino que forman parte del curso clínico habitual de estos pacientes. Por ello, su detección precoz y manejo inmediato son determinantes para el pronóstico.
14.5 INDICACIONES Y SELECCIÓN DEL PACIENTE
El uso de dispositivos de soporte mecánico debe plantearse en pacientes en los que existe una alta probabilidad de reversibilidad del proceso clínico o una opción terapéutica posterior que pueda modificar el pronóstico.
En este sentido, no se trata únicamente de identificar al paciente más grave, sino de seleccionar a aquel en el que el soporte pueda actuar como puente a la recuperación, a una intervención o a una terapia definitiva.
El balón de contrapulsación intraaórtico ha sido clásicamente utilizado en el shock cardiogénico, especialmente en el contexto del síndrome coronario agudo. Sin embargo, su uso ha disminuido en los últimos años en favor de otras estrategias de soporte más eficaces.
La ECMO venoarterial (VA) está indicada fundamentalmente en situaciones de shock cardiogénico refractario o parada cardiaca, especialmente cuando se sospecha una causa potencialmente reversible, como la isquemia miocárdica, la miocarditis o determinadas intoxicaciones.
Por su parte, la ECMO venovenosa (VV) se reserva para pacientes con insuficiencia respiratoria grave refractaria al tratamiento convencional, en los que la ventilación mecánica no consigue mantener una adecuada oxigenación sin provocar daño adicional.
La clave en la selección del paciente no es solo la gravedad, sino la posibilidad real de recuperación o de intervención terapéutica.
A partir de este enfoque, es importante comprender que la ECMO en urgencias no debe considerarse una medida de rescate indiscriminada ante cualquier paciente crítico, sino una estrategia dirigida a un perfil muy concreto: pacientes en parada cardiaca o shock refractario cuya causa es potencialmente reversible.
Este matiz es esencial en la toma de decisiones. La indicación de ECMO no depende únicamente de la situación clínica en el momento actual, sino de la probabilidad de que el paciente pueda beneficiarse si se mantiene una perfusión adecuada durante el tiempo necesario para tratar la causa subyacente.
Desde esta perspectiva, y en base a las recomendaciones actuales (ERC 2025) y la evidencia disponible, pueden identificarse una serie de situaciones clínicas frecuentes en urgencias en las que debe plantearse de forma precoz el soporte extracorpóreo, y que se desarrollan a continuación.
14.5.1 Parada cardiaca por hipotermia accidental
La hipotermia profunda constituye uno de los escenarios paradigmáticos de indicación de ECMO. En estos pacientes, el descenso de la temperatura corporal reduce significativamente el metabolismo cerebral, lo que permite una mayor tolerancia a la hipoxia prolongada.
Las guías ERC recomiendan el uso de ECMO venoarterial como método de recalentamiento en pacientes en parada cardiaca por hipotermia, especialmente cuando se trata de casos potencialmente recuperables.
Desde el punto de vista fisiopatológico, no se trata de una parada irreversible, sino de una situación de “metabolismo suspendido”. En este contexto, la ECMO no solo proporciona soporte circulatorio, sino que actúa como tratamiento definitivo al permitir un recalentamiento controlado y una perfusión sistémica eficaz.
14.5.2 Parada cardiaca por causas metabólicas o tóxicas reversibles
Otro grupo relevante lo constituyen las paradas cardiacas secundarias a alteraciones metabólicas graves o intoxicaciones, incluidas dentro de las causas reversibles clásicas (las “H y T”).
Entre ellas destacan:
- Hiperpotasemia grave.
- Intoxicaciones por fármacos (beta-bloqueantes, calcioantagonistas, antidepresivos tricíclicos, etc.).
En estos casos, el problema no radica en un daño estructural irreversible, sino en una alteración funcional que bloquea la actividad cardíaca. Si se consigue mantener una perfusión adecuada, el tratamiento específico (corrección iónica, antídotos, depuración extracorpórea) puede revertir la situación.
La ECMO actúa aquí como un puente terapéutico, proporcionando tiempo para corregir la causa subyacente sin comprometer la perfusión de órganos vitales.
14.5.3 Tromboembolismo pulmonar masivo
El tromboembolismo pulmonar (TEP) de alto riesgo es otra de las situaciones donde la ECMO puede desempeñar un papel determinante, especialmente en pacientes con deterioro hemodinámico o parada cardiaca.
Las guías ERC recomiendan considerar esta etiología en paradas con bajo ETCO₂ y contemplar el uso de fibrinolisis durante la reanimación.
Desde el punto de vista fisiopatológico, el TEP masivo provoca una obstrucción súbita del flujo pulmonar, con fallo agudo del ventrículo derecho y colapso del gasto cardiaco. Se trata, por tanto, de un shock obstructivo potencialmente reversible.
En este contexto, la ECMO venoarterial permite:
- Mantener la perfusión sistémica.
- Descargar el ventrículo derecho.
- Ganar tiempo para terapias específicas (fibrinolisis, embolectomía quirúrgica o tratamiento percutáneo).
14.5.4 Shock cardiogénico refractario
El shock cardiogénico constituye la indicación más clásica de ECMO venoarterial. Se plantea en pacientes con fallo circulatorio severo que no responden al tratamiento convencional, incluyendo fluidoterapia, vasopresores e inotrópicos.
Según la literatura, la ECMO está indicada cuando existe inestabilidad hemodinámica crítica con fracaso de las medidas terapéuticas máximas.
Su objetivo es doble:
- Restaurar la perfusión sistémica.
- Reducir la carga de trabajo miocárdica.
Esto permite actuar como puente hacia:
- La recuperación miocárdica (por ejemplo, en miocarditis).
- La revascularización (en el infarto agudo de miocardio).
- O la toma de decisiones terapéuticas avanzadas.
14.5.5 Insuficiencia respiratoria grave refractaria
Finalmente, en el ámbito respiratorio, la ECMO veno-venosa está indicada en pacientes con insuficiencia respiratoria grave potencialmente reversible, en los que la ventilación mecánica convencional resulta insuficiente o potencialmente lesiva.
Entre las situaciones más frecuentes se incluyen:
- Síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA).
- Neumonías graves.
- Contusión pulmonar.
- Estatus asmático refractario.
En estos casos, la ECMO permite mantener una adecuada oxigenación y eliminación de CO₂, facilitando una estrategia de ventilación protectora y evitando el daño pulmonar asociado a ventilación agresiva.
14.6 ERRORES FRECUENTES
Uno de los errores más relevantes en la práctica clínica es retrasar la indicación de soporte mecánico en pacientes que ya han demostrado refractariedad al tratamiento convencional. La demora en la toma de decisiones puede traducirse en un deterioro progresivo y, en muchos casos, irreversible.
También es frecuente infraestimar la gravedad del shock, manteniendo escaladas progresivas de fármacos vasoactivos que, lejos de mejorar la situación, aumentan el consumo miocárdico y el riesgo de complicaciones.
Por otro lado, no debe olvidarse que estos dispositivos no están exentos de riesgos. Su uso debe ser siempre individualizado y basado en la probabilidad de beneficio, evitando tanto la infrautilización como la indicación en pacientes sin posibilidades reales de recuperación.
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