Los dispositivos de soporte mecánico circulatorio y respiratorio se emplean en pacientes con shock cardiogénico refractario, parada cardiorrespiratoria o insuficiencia cardiorrespiratoria grave, cuando el tratamiento farmacológico no consigue mantener una perfusión adecuada. Su función no es curar la enfermedad de base, sino actuar como un puente hacia la recuperación, la revascularización, la cirugía o terapias avanzadas. Entre los principales dispositivos destacan el balón de contrapulsación intraaórtico (BCIAo), que mejora la perfusión coronaria y disminuye la poscarga del ventrículo izquierdo; la ECMO venoarterial (VA), que proporciona soporte cardiocirculatorio y respiratorio completo; y la ECMO venovenosa (VV), indicada exclusivamente para el tratamiento de la insuficiencia respiratoria grave.
El manejo inicial requiere una actuación rápida con monitorización continua, optimización hemodinámica mediante fármacos vasoactivos e inotrópicos, establecimiento de accesos vasculares y activación precoz del equipo especializado. Tras la implantación del dispositivo, la enfermería desempeña un papel esencial en la vigilancia del correcto funcionamiento del soporte, el control de la perfusión distal, la supervisión del circuito extracorpóreo, la anticoagulación y la detección precoz de complicaciones como sangrado, trombosis, infección, isquemia de extremidades, hemólisis o fallo del circuito. Estos dispositivos están indicados en pacientes con posibilidades reales de recuperación, como aquellos con shock cardiogénico refractario, parada cardiaca por hipotermia, intoxicaciones reversibles, tromboembolismo pulmonar masivo o insuficiencia respiratoria grave potencialmente reversible.
El éxito del soporte mecánico depende tanto de una selección adecuada del paciente como de una implantación precoz. Entre los errores más frecuentes se encuentran retrasar la indicación del soporte cuando el tratamiento convencional ya ha fracasado, prolongar innecesariamente el uso de fármacos vasoactivos en pacientes en shock refractario o indicar estos dispositivos en personas sin posibilidades de recuperación. La identificación temprana del deterioro clínico, junto con una monitorización estrecha y una actuación coordinada del equipo multidisciplinar, son factores determinantes para mejorar el pronóstico y reducir la aparición de complicaciones.
