4.1 INTRODUCCIÓN
En urgencias, una parte importante de los pacientes que consultan por dolor torácico no presentan un síndrome coronario agudo, sino un proceso inflamatorio cardiaco. Dentro de estos, la pericarditis y la miocarditis son dos entidades frecuentes que comparten manifestaciones, pero difieren significativamente en su pronóstico y manejo.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la pericarditis consiste en la inflamación del pericardio, la membrana que rodea al corazón, generalmente de origen viral o idiopático. Esta inflamación produce dolor torácico característico, a menudo relacionado con el roce entre las hojas pericárdicas y, en algunos casos, puede asociarse a derrame pericárdico.
Por su parte, la miocarditis implica la inflamación del propio músculo cardíaco, lo que puede alterar tanto la contractilidad como la conducción eléctrica del corazón. Este proceso, habitualmente también de origen infeccioso o inmunológico, puede evolucionar de forma muy variable, desde cuadros leves hasta disfunción ventricular grave o arritmias potencialmente letales.
El principal reto clínico es doble: por un lado, diferenciar estos cuadros del síndrome coronario agudo; por otro, identificar aquellos pacientes con riesgo de complicación que requieren monitorización estrecha o ingreso.
Mientras que la pericarditis suele tener una evolución favorable, la miocarditis puede presentar un curso impredecible, con riesgo de insuficiencia cardiaca o arritmias graves. Por ello, la actitud en urgencias debe ser prudente y orientada a la detección precoz de signos de gravedad.
4.2 PERICARDITIS AGUDA
4.2.1 Claves diagnósticas
La pericarditis aguda suele debutar con un dolor torácico muy diferente al del síndrome coronario típico. A menudo se describe como un dolor punzante, que empeora con la inspiración profunda, con la tos o con el decúbito, y que mejora cuando el paciente se incorpora o se inclina hacia delante. Ese componente pleurítico y posicional es una de las pistas más útiles en urgencias.
En la exploración, el hallazgo clásico es el roce pericárdico, un sonido áspero, superficial, a veces intermitente, que puede cambiar con la postura. No siempre está presente, pero cuando se ausculta es muy orientador. También puede haber febrícula o malestar general, especialmente si el proceso se enmarca en un contexto infeccioso o viral.
Un ejemplo clínico típico sería el de un paciente joven que consulta por dolor torácico de dos días de evolución, de perfil pleurítico, sin factores claros de riesgo coronario, que refiere mejoría al sentarse inclinado hacia delante y empeoramiento en decúbito. Si a esto se añade un ECG con elevación difusa del ST y depresión del PR, la sospecha de pericarditis pasa a primer plano.

4.2.2 ECG en pericarditis
El ECG es clave para el diagnóstico diferencial:
- Elevación difusa del ST.
- Morfología cóncava.
- Depresión del PR.
A diferencia del infarto:
- No sigue territorios coronarios.
- No hay cambios recíprocos claros.


4.2.3 Manejo y tratamiento
En la mayoría de los pacientes, la pericarditis aguda cursa de forma leve y puede manejarse en urgencias con un enfoque sintomático y antiinflamatorio.
El tratamiento de primera línea se basa en la administración de antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno a dosis de 600–800 mg cada 8 horas, o aspirina a dosis de 750–1000 mg cada 8 horas, asociando colchicina. Esta última, a dosis de 0,5 mg cada 12 horas en pacientes de mayor peso o 0,5 mg al día en pacientes de menor peso, ha demostrado reducir de forma significativa el riesgo de recurrencias y forma parte del tratamiento estándar según las guías actuales.
Sin embargo, no todos los cuadros de pericarditis deben considerarse benignos. Es fundamental identificar aquellos pacientes con criterios de mayor riesgo, en los que puede ser necesario un manejo más estrecho o incluso ingreso hospitalario. Deben alertar la presencia de fiebre elevada, la sospecha de derrame pericárdico significativo o de taponamiento cardiaco, la mala respuesta al tratamiento inicial o la existencia de situaciones de inmunosupresión.
En estos casos, la realización de un ecocardiograma adquiere un papel clave, ya que permite valorar la presencia y cuantía de derrame pericárdico, así como detectar signos de compromiso hemodinámico. De hecho, ante la sospecha clínica de complicación o en pacientes con factores de riesgo, el ecocardiograma debe considerarse una herramienta fundamental en la evaluación inicial.
4.3 MIOCARDITIS
4.3.1 Diagnóstico
La miocarditis es una entidad mucho más variable que la pericarditis, lo que obliga a mantener un alto índice de sospecha clínica en urgencias. Puede presentarse como un cuadro aparentemente leve, con dolor torácico y discreta elevación de troponinas tras una infección reciente, pero también debutar de forma grave como insuficiencia cardiaca, arritmias o trastornos de la conducción.
Esta heterogeneidad clínica se explica porque el proceso inflamatorio afecta directamente al miocardio, alterando tanto la función contráctil como la estabilidad eléctrica del corazón. Como consecuencia, la presentación puede variar desde cuadros que simulan un síndrome coronario agudo hasta manifestaciones como disnea, síncope o eventos arrítmicos potencialmente graves.
En este contexto, el diagnóstico en urgencias es fundamentalmente de sospecha clínica, apoyado en los hallazgos electrocardiográficos y la elevación de biomarcadores como la troponina. Sin embargo, el objetivo inicial no es tanto confirmar el diagnóstico como identificar la entidad y valorar su gravedad, ya que esto condiciona el nivel de monitorización y el manejo.
La confirmación diagnóstica se realiza posteriormente mediante técnicas de imagen, especialmente la resonancia magnética cardiaca, que permite caracterizar la inflamación miocárdica. La biopsia endomiocárdica se reserva para casos graves, de evolución atípica o cuando el diagnóstico condiciona decisiones terapéuticas específicas.

4.3.2 Manejo
El manejo de la miocarditis en urgencias no sigue un protocolo único, sino que depende fundamentalmente del grado de afectación del miocardio y de su repercusión clínica. A diferencia de la pericarditis, donde el tratamiento es relativamente uniforme, en la miocarditis la actuación se orienta principalmente a la identificación precoz de pacientes de riesgo y a la prevención de complicaciones.
En aquellos pacientes que se presentan con dolor torácico, elevación de troponinas y estabilidad hemodinámica, puede adoptarse inicialmente una actitud de vigilancia estrecha, con monitorización y reevaluación clínica. Sin embargo, es fundamental no infravalorar estos cuadros, ya que la evolución puede ser impredecible.
Cuando la inflamación miocárdica compromete la función ventricular, el manejo se orienta como una insuficiencia cardiaca aguda, priorizando la estabilización hemodinámica. Del mismo modo, si predominan las alteraciones eléctricas —como arritmias o bloqueos de conducción—, la monitorización continua y el control del ritmo se convierten en la prioridad.
En este contexto, el ecocardiograma adquiere un papel especialmente relevante, ya que permite valorar la función ventricular y detectar alteraciones estructurales que orientan la gravedad del proceso. Por ello, debe considerarse de forma precoz en pacientes con sospecha de miocarditis, especialmente si presentan disnea, signos de insuficiencia cardiaca o inestabilidad.
Deben considerarse de alto riesgo aquellos pacientes que presentan deterioro hemodinámico, insuficiencia cardiaca, arritmias, síncope o bloqueos auriculoventriculares. En estos casos, es necesaria monitorización continua e ingreso, dado el riesgo de evolución desfavorable.
En definitiva, el manejo en urgencias no se centra tanto en tratar la causa inflamatoria inicial, sino en reconocer y tratar sus consecuencias, adaptando la actuación a la gravedad y a la forma de presentación del paciente.
4.4 CUIDADOS DE ENFERMERÍA
El papel de enfermería ante estas dos patologías es clave tanto en la detección como en la evolución del paciente.
En la pericarditis, se centra en:
- Control del dolor.
- Vigilancia de la respuesta al tratamiento.
- Detección de signos de derrame o empeoramiento.
En la miocarditis, la prioridad es la vigilancia estrecha:
- Monitorización según riesgo.
- Detección precoz de arritmias.
- Control de constantes.
- Identificación de deterioro clínico.
La reevaluación continua es fundamental, ya que estos pacientes pueden cambiar rápidamente de situación.
4.5 ERRORES FRECUENTES
En urgencias, los errores más frecuentes en este contexto suelen derivarse de una interpretación incompleta del cuadro clínico. Es habitual confundir una pericarditis con un síndrome coronario agudo o viceversa, especialmente cuando el ECG no es claramente orientativo. También puede infravalorarse la miocarditis, sobre todo en pacientes jóvenes, asumiendo erróneamente un buen pronóstico.
A esto se suma, en ocasiones, una monitorización insuficiente o la falta de reconocimiento precoz de signos de gravedad, lo que puede retrasar la detección de complicaciones potencialmente relevantes.
4.6 RESUMEN DE CONCEPTOS CLAVE
La pericarditis se caracteriza por dolor pleurítico y ECG con elevación difusa del ST, y su tratamiento se basa en AINEs y colchicina.
La miocarditis es más heterogénea y potencialmente grave, pudiendo simular un síndrome coronario agudo o debutar como insuficiencia cardiaca o arritmia.
El manejo en urgencias se basa en la sospecha clínica, la monitorización y la detección precoz de complicaciones.
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