TEMA 5. ENDOCARDITIS INFECCIOSA EN URGENCIAS


La endocarditis infecciosa es una infección del endocardio que afecta principalmente a las válvulas cardíacas, aunque también puede comprometer prótesis valvulares y dispositivos intracardíacos. Se caracteriza por la formación de vegetaciones compuestas por microorganismos, fibrina y plaquetas, lo que aumenta el riesgo de embolias y complicaciones infecciosas. En urgencias representa un importante reto diagnóstico porque suele manifestarse con síntomas inespecíficos, como fiebre, malestar general o un soplo cardíaco de nueva aparición. Por ello, el aspecto más importante es mantener un alto índice de sospecha clínica, especialmente en pacientes con fiebre sin foco aparente, antecedentes de procedimientos invasivos o fenómenos embólicos inexplicados. El diagnóstico se basa en la integración de la clínica, los hemocultivos y la ecocardiografía, ya que ninguna prueba aislada es suficiente.

El manejo inicial en urgencias debe ser rápido y organizado, priorizando la obtención de hemocultivos antes de iniciar la antibioterapia, siempre que la situación clínica lo permita. La valoración sistemática mediante el enfoque ABCDE, junto con la monitorización, el control hemodinámico y la realización de un ecocardiograma, permite identificar complicaciones como insuficiencia cardíaca, abscesos perivalvulares, bloqueos auriculoventriculares o fenómenos embólicos. El tratamiento consiste en una antibioterapia intravenosa prolongada, ajustada posteriormente según los resultados microbiológicos, y en un número importante de pacientes será necesario el tratamiento quirúrgico, especialmente cuando existe disfunción valvular grave, infección persistente o alto riesgo embólico. En la endocarditis asociada a dispositivos intracardíacos, la retirada completa del material infectado resulta fundamental para conseguir la curación.

El personal de enfermería desempeña un papel esencial en la detección precoz de la enfermedad, la correcta obtención de los hemocultivos, la administración segura de la antibioterapia y la vigilancia continua de la evolución clínica. Es fundamental monitorizar las constantes vitales, detectar signos de sepsis, insuficiencia cardíaca o eventos embólicos, y reevaluar periódicamente al paciente para identificar cualquier deterioro. Entre los errores más frecuentes destacan la falta de sospecha diagnóstica en pacientes con fiebre sin foco, iniciar antibióticos antes de obtener los hemocultivos y retrasar el reconocimiento de las complicaciones, circunstancias que pueden empeorar significativamente el pronóstico de esta enfermedad potencialmente mortal.