La insuficiencia cardíaca aguda (ICA) es una de las principales causas de consulta en urgencias y se caracteriza por la incapacidad del corazón para mantener un gasto cardíaco adecuado, provocando congestión y, en los casos más graves, un edema agudo de pulmón (EAP). El diagnóstico es fundamentalmente clínico y requiere una valoración rápida mediante una anamnesis dirigida, buscando datos como disnea, ortopnea, edemas en extremidades inferiores, aumento de peso y disminución de la diuresis, junto con la exploración física, donde destacan los crepitantes pulmonares, la ingurgitación yugular y los edemas periféricos. El ECG, la radiografía de tórax, los péptidos natriuréticos (BNP o NT-proBNP) y la troponina ayudan a confirmar el diagnóstico e identificar la causa desencadenante.
El tratamiento en urgencias debe iniciarse de forma precoz, priorizando la mejora de la oxigenación, la reducción de la congestión y el tratamiento de la causa responsable. En pacientes con hipoxemia o edema agudo de pulmón, la ventilación no invasiva (CPAP o BiPAP) constituye una intervención clave, ya que mejora rápidamente la oxigenación y disminuye la precarga y la poscarga cardíaca. El tratamiento farmacológico se basa en los diuréticos intravenosos, especialmente furosemida, para reducir la sobrecarga de volumen, y en los nitratos en pacientes con perfil hipertensivo para disminuir la congestión pulmonar. En situaciones de bajo gasto cardíaco pueden ser necesarios inotrópicos, mientras que la morfina queda reservada para casos seleccionados. Entre las principales complicaciones destacan la insuficiencia respiratoria, el shock cardiogénico y las arritmias, por lo que es imprescindible una vigilancia estrecha y una reevaluación continua.
El personal de enfermería desempeña un papel fundamental mediante la monitorización continua, el control de las constantes vitales, la valoración repetida de la situación respiratoria y la vigilancia de la respuesta al tratamiento. Es esencial asegurar accesos venosos adecuados, controlar de forma estricta la diuresis, administrar correctamente los diuréticos, vasodilatadores y la ventilación no invasiva, además de detectar precozmente cualquier signo de deterioro clínico. Entre los errores más frecuentes destacan no valorar adecuadamente los signos de congestión, confundir el edema agudo de pulmón con una patología respiratoria aislada, retrasar el inicio de la CPAP/BiPAP o no realizar una monitorización y reevaluación continuas, factores que pueden empeorar significativamente el pronóstico del paciente.
