TEMA 8. SHOCK CARDIOGÉNICO


El shock cardiogénico es una urgencia vital caracterizada por la incapacidad del corazón para mantener un gasto cardíaco suficiente, lo que provoca hipoperfusión tisular, congestión y disfunción progresiva de órganos. En urgencias es fundamental comprender que el tratamiento depende de la causa desencadenante, ya que el shock puede deberse a un infarto agudo de miocardio, un tromboembolismo pulmonar, un taponamiento cardíaco, una rotura valvular o una crisis hipertensiva. Clínicamente, el paciente suele presentar una combinación de signos de hipoperfusión (frialdad, oliguria, confusión) y signos de congestión (disnea, crepitantes o edema pulmonar), siendo prioritario identificar el mecanismo responsable para instaurar el tratamiento adecuado.

El manejo inicial debe seguir una valoración ABCDE, asegurando la estabilización hemodinámica mediante monitorización continua, oxigenoterapia o soporte ventilatorio cuando sea necesario, accesos venosos de buen calibre y control estricto de la diuresis. El tratamiento farmacológico actúa como medida de soporte mientras se corrige la causa: la noradrenalina es el vasopresor de elección para mantener la presión arterial y la dobutamina se utiliza cuando predomina el bajo gasto cardíaco con hipoperfusión. En los casos refractarios pueden requerirse dispositivos de soporte circulatorio como balón de contrapulsación intraaórtico, ECMO venoarterial o sistemas de asistencia ventricular. El tratamiento definitivo dependerá siempre de la etiología, incluyendo angioplastia urgente en el infarto, pericardiocentesis en el taponamiento o trombólisis en el tromboembolismo pulmonar masivo.

El papel de enfermería es esencial para garantizar una vigilancia intensiva, controlando de forma continua el ritmo cardíaco, la presión arterial, la saturación de oxígeno, la diuresis y la respuesta a los tratamientos. También es responsable de la correcta preparación y administración de los fármacos vasoactivos, la monitorización del soporte respiratorio y la detección precoz de signos de deterioro. Entre las complicaciones más importantes destacan el fracaso renal agudo, la insuficiencia respiratoria, las arritmias, la alteración del nivel de conciencia y el fallo multiorgánico. Los errores más frecuentes consisten en centrarse únicamente en corregir la hipotensión sin buscar la causa del shock, retrasar el diagnóstico etiológico o no realizar una monitorización y reevaluación continuas, lo que puede empeorar significativamente el pronóstico.