La intoxicación etílica aguda es un síndrome producido por la ingesta de etanol, que actúa como depresor del sistema nervioso central. Su gravedad es progresiva y puede provocar alteraciones de conducta, pérdida de atención, disartria, incoordinación motora, nistagmo, náuseas y vómitos, evolucionando en casos graves a coma etílico, depresión respiratoria, hipotermia, broncoaspiración y parada cardiorrespiratoria. La valoración enfermera debe centrarse en el nivel de conciencia mediante la escala de Glasgow, exploración pupilar, detección de focalidad neurológica y monitorización cardiorrespiratoria.
El síndrome de abstinencia alcohólica aparece tras reducir o suspender bruscamente el consumo de alcohol y puede evolucionar hasta el delirium tremens, una urgencia de máxima gravedad. Inicialmente aparecen temblor, ansiedad, irritabilidad, insomnio, sudoración, cefalea, palpitaciones, náuseas y vómitos; posteriormente pueden surgir alucinaciones y crisis convulsivas, llegando al delirium tremens con desorientación, confusión, agitación psicomotriz e hiperactividad autonómica. El tratamiento se basa en benzodiacepinas, corrección de la deshidratación y alteraciones electrolíticas, monitorización estrecha y un entorno con baja estimulación sensorial. El déficit de tiamina (vitamina B1) puede producir encefalopatía de Wernicke, caracterizada por alteraciones oculomotoras, ataxia y confusión, y evolucionar a síndrome de Korsakoff, con amnesia y confabulaciones.
Las drogas emergentes comprenden sustancias como cannabinoides sintéticos, Salvia divinorum, metoxetamina, hongos alucinógenos, mefedrona, alfa-PVP (Flakka), kratom, popper y GHB, capaces de producir ansiedad, alucinaciones, psicosis, agitación, convulsiones, alteraciones cardiovasculares, hipertermia y depresión respiratoria. Entre las drogas de abuso destacan los estimulantes, como cocaína y anfetaminas, que pueden provocar agitación, paranoia, hipertensión, taquicardia, hipertermia e isquemia miocárdica, y los opiáceos, caracterizados por depresión de conciencia, depresión respiratoria y miosis, cuyo antídoto es la naloxona. En las intoxicaciones por fármacos destacan las benzodiacepinas, los antidepresivos tricíclicos e ISRS, el litio y los neurolépticos, que pueden producir síndrome neuroléptico maligno. La actuación enfermera se centra en la monitorización de constantes vitales, control de la vía aérea y respiración, administración segura de antídotos y medicación y prevención de complicaciones.
