TEMA 4. MEDIDAS DE CONTENCIÓN


La contención es una intervención terapéutica de último recurso que debe aplicarse de forma proporcional al riesgo, únicamente cuando las alternativas menos restrictivas se hayan agotado o sean inviables y durante el menor tiempo posible. La contención verbal constituye la primera línea de actuación y busca reducir la tensión mediante una actitud tranquila, respetuosa, segura y firme, manteniendo una distancia de seguridad, un lenguaje sencillo y evitando la confrontación. El Proyecto BETA propone técnicas de desescalada verbal como respetar el espacio personal, evitar provocaciones, utilizar la escucha activa, validar los sentimientos, establecer límites razonables y ofrecer opciones al paciente.

La contención farmacológica está indicada cuando la intervención verbal resulta insuficiente y persiste una conducta de agresividad o riesgo, buscando controlar rápidamente al paciente sin anular completamente su nivel de alerta. La elección del tratamiento debe considerar la respuesta previa, efectos secundarios, vía de administración, disponibilidad, comorbilidades, interacciones farmacológicas y preferencias del paciente. La contención mecánica pretende evitar autolesiones o lesiones a terceros y debe realizarse mediante un protocolo clínico, legal y ético, con indicación médica, registro adecuado y personal entrenado. Durante la reducción es fundamental utilizar una fuerza proporcional, proteger la vía aérea y mantener una correcta alineación corporal para prevenir lesiones.

La contención mecánica puede producir complicaciones graves como asfixia, rabdomiólisis, broncoaspiración e isquemia periférica, por lo que requiere una vigilancia enfermera estrecha. Los cuidados incluyen la evaluación periódica de la necesidad de mantener la sujeción, inspección de las zonas de fijación, control de la circulación, prevención de lesiones, hidratación, nutrición, eliminación y cambios posturales. Deben monitorizarse especialmente el nivel de consciencia, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, frecuencia cardíaca, presión arterial, temperatura e integridad cutánea. La liberación debe realizarse cuando haya desaparecido la agitación y conducta agresiva, de forma progresiva y con valoración continua de la respuesta del paciente.