La hipertensión intracraneal (HIC) secundaria a metástasis cerebrales es una urgencia oncológica y neurológica causada por el aumento de la presión intracraneal debido a lesiones expansivas, edema peritumoral, hemorragia intratumoral o hidrocefalia obstructiva. Es más frecuente en pacientes con cáncer de pulmón, cáncer de mama, melanoma, tumores renales o gastrointestinales, así como en linfomas y leucemias con afectación cerebral. El incremento de la presión dentro del cráneo compromete la perfusión cerebral y puede evolucionar rápidamente hacia un deterioro neurológico grave, por lo que requiere un diagnóstico y tratamiento inmediatos.
Las manifestaciones clínicas dependen del grado de aumento de la presión intracraneal y suelen incluir cefalea intensa, especialmente matutina, náuseas, vómitos en proyectil, somnolencia, confusión y alteración progresiva del nivel de conciencia. También pueden aparecer papiledema, diplopía, alteraciones pupilares, hemiparesia, convulsiones y la triada de Cushing (hipertensión arterial, bradicardia y alteraciones respiratorias), indicativa de hipertensión intracraneal avanzada. Si no se trata de forma precoz, puede evolucionar hacia herniación cerebral, coma irreversible, deterioro neurológico permanente y muerte.
El tratamiento tiene como objetivo reducir la presión intracraneal y controlar la causa tumoral. Las medidas iniciales incluyen la elevación de la cabecera a 30°, la oxigenoterapia, el mantenimiento de una adecuada perfusión cerebral y la administración de dexametasona para disminuir el edema peritumoral. Según el caso, puede ser necesaria la radioterapia, la cirugía o la quimioterapia, además del uso de manitol para el control agudo del edema cerebral y anticonvulsivantes cuando existan crisis epilépticas o alto riesgo de presentarlas. Las intervenciones enfermeras son esenciales e incluyen la monitorización de los signos vitales, el control del nivel de conciencia y de las pupilas, la vigilancia de las convulsiones y los signos de herniación cerebral, el manejo del dolor, el control del balance hídrico y la educación del paciente y su familia para reconocer precozmente los signos de alarma, favoreciendo una actuación rápida y la prevención de complicaciones.
