TEMA 12. COAGULOPATÍAS ASOCIADAS AL CÁNCER


Las urgencias hematológicas son complicaciones frecuentes y potencialmente mortales en los pacientes oncológicos, originadas por alteraciones de la hemostasia, proliferación celular anómala o cambios en la composición de la sangre. Entre las principales destacan las coagulopatías, las emergencias leucémicas y los síndromes de hiperviscosidad. Estas alteraciones pueden manifestarse como trombosis, hemorragias o coagulación intravascular diseminada (CID), favorecidas por el propio tumor, los tratamientos oncológicos, las infecciones, la insuficiencia orgánica o factores individuales como la edad y la inmovilidad. Su reconocimiento precoz es fundamental para evitar complicaciones graves y reducir la mortalidad.

La exploración física debe orientarse a detectar signos de hemorragia, trombosis y compromiso de órganos vitales. Los hallazgos más frecuentes incluyen petequias, equimosis, hematomas, sangrado gingival, epistaxis, edema y dolor en las extremidades por trombosis venosa profunda, así como hipotensión, taquicardia, disnea, dolor torácico y alteración del nivel de conciencia en casos de embolia pulmonar o hemorragia cerebral. Las principales complicaciones son la hemorragia masiva, la embolia pulmonar, la insuficiencia multiorgánica secundaria a la CID, el shock hemorrágico o séptico, la disfunción renal y las secuelas neurológicas derivadas de las hemorragias intracraneales.

El tratamiento depende del tipo de alteración hematológica y de su gravedad. En la CID es prioritario tratar la causa desencadenante y proporcionar soporte transfusional con plaquetas, plasma fresco congelado o crioprecipitado, valorando la anticoagulación cuando predomine la trombosis. La trombosis asociada al cáncer se trata principalmente con heparinas de bajo peso molecular o anticoagulantes orales, mientras que la trombocitopenia grave requiere transfusión de plaquetas y la suspensión de fármacos trombopénicos cuando sea posible. En la hemorragia masiva son esenciales el control inmediato del sangrado, la fluidoterapia, las transfusiones y la monitorización intensiva. Las intervenciones enfermeras incluyen la vigilancia de los signos vitales, el manejo de la terapia intravenosa, la prevención del riesgo hemorrágico, la administración de productos sanguíneos y la educación del paciente para reconocer precozmente los signos de alarma.