TEMA 13. EMERGENCIAS LEUCÉMICAS


Las emergencias leucémicas son complicaciones agudas y potencialmente mortales derivadas de la proliferación masiva de células leucémicas, que pueden comprometer la circulación, la función neurológica, respiratoria y hematológica. Se presentan principalmente en las leucemias agudas y, con menor frecuencia, en las leucemias crónicas durante la crisis blástica. Las principales entidades son la leucostasis, el síndrome de hiperleucocitosis y la crisis blástica, caracterizadas por un exceso de blastos que aumenta la viscosidad sanguínea, obstruye la microcirculación y provoca insuficiencia medular, favoreciendo la aparición de anemia, trombocitopenia y neutropenia.

Las manifestaciones clínicas dependen del órgano afectado por la alteración de la microcirculación. A nivel neurológico pueden aparecer cefalea, confusión, alteración del nivel de conciencia, visión borrosa y convulsiones; a nivel respiratorio, disnea, hipoxemia, edema pulmonar y cianosis; y en el sistema cardiovascular, taquicardia, hipotensión y signos de mala perfusión periférica. Además, son frecuentes la palidez, las petequias, las equimosis, el sangrado mucoso, la hepatoesplenomegalia, la fiebre y el malestar general. Si no se tratan de forma precoz, estas complicaciones pueden evolucionar hacia accidente cerebrovascular, hemorragia intracerebral, shock séptico o hemorrágico, insuficiencia renal, hemorragia masiva y muerte súbita.

El tratamiento debe iniciarse de forma urgente e incluye hidratación intravenosa intensiva, leucaféresis cuando existe hiperleucocitosis sintomática, oxigenoterapia, quimioterapia citoreductora y medidas para prevenir el síndrome de lisis tumoral, como el uso de alopurinol o rasburicasa y la monitorización de los electrolitos. En la crisis blástica pueden ser necesarias transfusiones, tratamiento de las infecciones oportunistas y soporte intensivo. Las intervenciones enfermeras son fundamentales e incluyen la monitorización continua de los signos vitales, el manejo de la terapia intravenosa, el control del balance hídrico, la vigilancia del riesgo hemorrágico y la educación del paciente para reconocer precozmente los signos de alarma, favoreciendo una actuación rápida y disminuyendo el riesgo de complicaciones graves.