TEMA 14. SÍNDROME DE HIPERVISCOSIDAD


Los síndromes de hiperviscosidad son urgencias hematológicas producidas por el aumento de la viscosidad sanguínea debido a un exceso de proteínas plasmáticas o células sanguíneas, lo que dificulta la microcirculación y compromete la perfusión de órganos vitales. Son especialmente frecuentes en pacientes con mieloma múltiple, por la producción excesiva de IgG o IgA, y en la macroglobulinemia de Waldenström, caracterizada por un aumento de IgM monoclonal, responsable de una hiperviscosidad más intensa. Esta alteración favorece la aparición de hipoxia tisular, trombosis, microinfartos y disfunción de múltiples órganos, por lo que requiere un diagnóstico y tratamiento inmediatos.

Las manifestaciones clínicas afectan a diversos sistemas. A nivel neurológico predominan la cefalea, mareo, visión borrosa, diplopía, confusión y alteración del nivel de conciencia; en el sistema cardiovascular son frecuentes la taquicardia, la hipertensión y, en fases avanzadas, la insuficiencia cardíaca. También pueden aparecer hemorragias retinianas, edema de papila, petequias, equimosis, sangrado mucoso, oliguria e insuficiencia renal aguda, además de fatiga y deshidratación. Si no se trata de forma precoz, el cuadro puede evolucionar hacia accidente cerebrovascular, hemorragia masiva, coma o muerte.

El tratamiento tiene como objetivo reducir rápidamente la viscosidad sanguínea, mejorar la perfusión tisular y tratar la enfermedad de base. Las medidas iniciales incluyen hidratación intravenosa, oxigenoterapia cuando existe hipoxemia y la colocación del paciente en posición semifowler para favorecer la perfusión cerebral. Posteriormente, se instaura tratamiento específico según la patología, como quimioterapia, anticuerpos monoclonales o agentes biológicos en el mieloma múltiple y la macroglobulinemia de Waldenström. Las intervenciones enfermeras son fundamentales e incluyen la monitorización de los signos vitales, el manejo de la terapia intravenosa, el control del balance hídrico, la vigilancia del riesgo hemorrágico y la educación del paciente para reconocer precozmente los signos de alarma, contribuyendo a prevenir complicaciones graves y mejorar el pronóstico.