Las urgencias cardiopulmonares oncológicas son complicaciones potencialmente mortales asociadas tanto a la progresión del cáncer como a los efectos adversos de los tratamientos antineoplásicos. Entre las más relevantes destacan el derrame pericárdico maligno y el taponamiento cardíaco, situaciones que pueden evolucionar rápidamente hacia un compromiso hemodinámico y respiratorio grave. Estas complicaciones son más frecuentes en pacientes con cáncer de pulmón, cáncer de mama, linfomas, leucemias, melanoma o metástasis mediastínicas, aunque también pueden aparecer tras radioterapia torácica o por infecciones oportunistas en pacientes inmunodeprimidos. Su reconocimiento precoz es esencial para reducir la elevada morbimortalidad asociada.
El derrame pericárdico maligno consiste en la acumulación de líquido en el espacio pericárdico debido a la infiltración tumoral, mientras que el taponamiento cardíaco se produce cuando la presión intrapericárdica impide el adecuado llenado de las cavidades cardíacas, disminuyendo el gasto cardíaco y pudiendo desencadenar un shock obstructivo. Las manifestaciones clínicas más características son disnea, ortopnea, hipotensión, taquicardia, pulso paradójico, ingurgitación yugular y ruidos cardíacos apagados, constituyendo la clásica tríada de Beck. En fases avanzadas pueden aparecer oliguria, alteración del nivel de conciencia, paro cardíaco, insuficiencia renal y fallo multiorgánico, por lo que la exploración física y la monitorización continua son fundamentales para un diagnóstico rápido.
El tratamiento depende de la estabilidad clínica del paciente y debe iniciarse de forma inmediata. Las medidas iniciales incluyen monitorización continua, oxigenoterapia, canalización de vías venosas, fluidoterapia intravenosa y, si persiste la hipotensión, administración de vasopresores como la noradrenalina. El tratamiento de elección del taponamiento cardíaco es la pericardiocentesis urgente, pudiendo requerirse drenaje pericárdico quirúrgico en derrames recurrentes o complejos. Además, debe instaurarse el tratamiento oncológico específico mediante quimioterapia, radioterapia o medidas paliativas según la situación clínica. Las intervenciones enfermeras incluyen la monitorización de los signos vitales, el manejo de la terapia intravenosa, la vigilancia del balance hídrico, la prevención del riesgo hemorrágico, la administración de productos sanguíneos cuando sea necesario y la detección precoz de signos de deterioro hemodinámico para favorecer una actuación rápida y eficaz.
