TEMA 16. TROMBOEMBOLISMO PULMONAR EN CÁNCER


El tromboembolismo pulmonar (TEP) es una urgencia cardiopulmonar frecuente y potencialmente mortal en los pacientes con cáncer, causada por la obstrucción de la arteria pulmonar o de sus ramas por un trombo, generalmente procedente de una trombosis venosa profunda (TVP). El estado de hipercoagulabilidad asociado al cáncer, junto con la quimioterapia, los catéteres venosos centrales, la cirugía oncológica, la inmovilidad y la compresión vascular por el tumor, incrementan notablemente el riesgo de desarrollar esta complicación. La obstrucción vascular aumenta la resistencia pulmonar, provoca sobrecarga del ventrículo derecho y puede evolucionar rápidamente hacia un shock obstructivo y compromiso hemodinámico grave.

Las manifestaciones clínicas dependen de la extensión del trombo y del grado de afectación hemodinámica. Los síntomas más frecuentes son disnea súbita, taquipnea, dolor torácico pleurítico, hipoxemia, taquicardia e hipotensión, pudiendo aparecer síncope, cianosis, alteración del nivel de conciencia y paro cardiorrespiratorio en los casos más graves. Cuando el TEP se asocia a una TVP, son habituales el edema unilateral, el dolor en la pantorrilla, el eritema y el aumento de la temperatura de la extremidad afectada. Entre las principales complicaciones destacan la insuficiencia respiratoria aguda, la hipertensión pulmonar crónica, la recurrencia tromboembólica, el shock obstructivo y la muerte súbita.

El tratamiento debe iniciarse de forma inmediata e incluye monitorización continua, oxigenoterapia, canalización de accesos venosos y fluidoterapia cuidadosamente ajustada en caso de hipotensión. La anticoagulación constituye el tratamiento de elección, preferentemente con heparinas de bajo peso molecular (HBPM) en pacientes oncológicos, reservando la heparina no fraccionada o los anticoagulantes orales directos para situaciones específicas. En los casos de TEP masivo con inestabilidad hemodinámica está indicada la trombólisis, valorando cuidadosamente el riesgo de hemorragia. Las intervenciones enfermeras incluyen la monitorización de los signos vitales, el manejo de la terapia intravenosa, la vigilancia del riesgo hemorrágico, la administración segura de anticoagulantes, el control de la respuesta al tratamiento y la educación del paciente para identificar precozmente los signos de alarma y prevenir complicaciones.