TEMA 17. DOLOR ONCOLÓGICO AGUDO


El dolor oncológico agudo es una de las urgencias más frecuentes en los cuidados paliativos, ya que puede aparecer de forma súbita o como una exacerbación del dolor crónico, comprometiendo la calidad de vida y el estado físico y emocional del paciente. Sus principales causas son la progresión tumoral, las complicaciones de los tratamientos oncológicos, los procedimientos invasivos, las infecciones y el dolor neuropático por afectación nerviosa. Puede presentarse como dolor somático, visceral o neuropático, por lo que requiere una valoración individualizada y una intervención rápida para aliviar el sufrimiento.

La valoración del dolor constituye el primer paso para un tratamiento eficaz y debe incluir la intensidad, el tipo, la duración, los factores desencadenantes y el impacto sobre la vida diaria del paciente. Para ello se emplean escalas validadas como la Escala Visual Analógica (EVA), la Escala Numérica Verbal (ENV), la Escala de Caras de Wong-Baker, el Brief Pain Inventory (BPI) y la Escala McGill, que permiten cuantificar el dolor y orientar el tratamiento. Además, es fundamental diferenciar el dolor agudo del dolor irruptivo y valorar su repercusión sobre el sueño, la movilidad, el estado de ánimo y la capacidad funcional, favoreciendo un abordaje multidisciplinar centrado en las necesidades del paciente.

El tratamiento se basa en la escalera analgésica de la OMS, utilizando analgésicos no opioides para el dolor leve, opioides débiles para el dolor moderado y opioides potentes como la morfina, el fentanilo o la oxicodona en el dolor intenso, combinándolos con coadyuvantes cuando existe dolor neuropático o de otro origen específico. El manejo de los opioides debe individualizarse, ajustando las dosis basales y de rescate, vigilando efectos adversos como estreñimiento, náuseas, somnolencia o depresión respiratoria, y recurriendo a la rotación de opioides cuando la respuesta sea insuficiente o aparezca intolerancia. La reevaluación continua del dolor y de la eficacia del tratamiento es esencial para mantener el confort y preservar la calidad de vida del paciente en situación paliativa.