Las emergencias en cuidados paliativos son situaciones críticas en las que el objetivo principal no es prolongar la vida, sino aliviar el sufrimiento, preservar la dignidad y garantizar el confort del paciente. Entre las más importantes se encuentran la agonía, la sedación paliativa urgente, el manejo de los síntomas refractarios y los aspectos éticos y legales que guían la toma de decisiones. Durante la agonía, fase final del proceso de muerte, aparecen signos como respiración irregular, hipotensión, bradicardia, disminución del nivel de conciencia, pérdida de la deglución, piel fría y reducción de la diuresis. El tratamiento se centra en el control del dolor, la disnea, las secreciones respiratorias, la ansiedad y el apoyo emocional tanto al paciente como a su familia.
La sedación paliativa urgente está indicada cuando existen síntomas refractarios que no responden a los tratamientos convencionales y generan un sufrimiento intolerable. Su finalidad es disminuir de forma proporcionada el nivel de conciencia para aliviar el malestar, sin intención de acelerar la muerte. Las principales indicaciones son el dolor refractario, la disnea intensa, el delirium, la agitación, la ansiedad grave, las hemorragias masivas y las secreciones respiratorias incontrolables. Los fármacos más utilizados son el midazolam, como benzodiacepina de elección, y la levomepromazina, solos o en combinación según la evolución clínica. Además, el manejo de los síntomas refractarios requiere optimizar el tratamiento con opioides, rotarlos cuando sea necesario, añadir coadyuvantes y complementar la atención con medidas físicas de confort y un abordaje multidisciplinar.
El abordaje de estas situaciones debe fundamentarse en los principios de autonomía, beneficencia, no maleficencia y proporcionalidad, respetando siempre los deseos y valores del paciente. La sedación paliativa y el tratamiento de los síntomas refractarios son procedimientos éticamente y legalmente aceptados cuando su finalidad es aliviar el sufrimiento y se aplican de forma proporcionada. Es imprescindible documentar adecuadamente las decisiones clínicas, el consentimiento, las dosis administradas y la evolución del paciente, además de mantener una comunicación fluida con la familia y el equipo multidisciplinar, garantizando una atención integral, respetuosa y centrada en la calidad de vida hasta el final de la misma.
