Las infecciones oncohematológicas constituyen una de las complicaciones más frecuentes y graves en los pacientes con cáncer, siendo una importante causa de ingreso hospitalario, mortalidad y deterioro clínico. La inmunosupresión, originada por la enfermedad, la quimioterapia, la inmunoterapia o el trasplante hematopoyético, favorece el desarrollo de infecciones graves con manifestaciones clínicas atípicas y evolución rápida. Entre las principales urgencias infecciosas destacan la neutropenia febril, la sepsis y las infecciones oportunistas, por lo que es fundamental mantener una elevada sospecha clínica, realizar una valoración sistemática e iniciar precozmente el tratamiento empírico.
La neutropenia febril es la urgencia infecciosa más frecuente en el paciente oncohematológico y se considera una auténtica emergencia médica por el alto riesgo de shock séptico. Se define por un recuento de neutrófilos inferior a 500/mm³ (o previsión de alcanzarlo en 48 horas) asociado a fiebre ≥ 38,3 °C en una toma o ≥ 38 °C mantenida durante más de una hora. Su origen suele ser bacteriano, aunque también pueden intervenir hongos y virus, especialmente en neutropenias prolongadas. Dado que la respuesta inflamatoria está disminuida, la fiebre puede ser el único signo inicial, por lo que la exploración física y la estratificación del riesgo mediante escalas como MASCC y NCCN son esenciales para decidir el manejo ambulatorio o el ingreso hospitalario.
El tratamiento debe iniciarse de forma inmediata, ya que el retraso en la administración de antibioterapia empírica aumenta significativamente la mortalidad. Los pacientes de bajo riesgo pueden recibir tratamiento antibiótico oral, mientras que los de alto riesgo requieren ingreso hospitalario y antibioterapia intravenosa de amplio espectro, asociando en algunos casos antifúngicos o antivirales. Las intervenciones enfermeras son fundamentales e incluyen el control de infecciones, la monitorización de signos vitales, la administración precoz de la medicación, el cuidado de los catéteres venosos y la educación del paciente y su familia para prevenir complicaciones y detectar precozmente los signos de alarma.
