La sepsis oncológica es una emergencia médica con elevada mortalidad, caracterizada por una respuesta inflamatoria atenuada y una rápida progresión hacia shock séptico. Los principales factores predisponentes son la neutropenia, la quimioterapia y la presencia de dispositivos invasivos, que favorecen la aparición de infecciones sistémicas. Los microorganismos más frecuentes son las bacterias Gram negativas (como E. coli, Klebsiella y Pseudomonas), las Gram positivas asociadas a catéteres y, en pacientes con neutropenia prolongada, hongos como Candida y Aspergillus. La fisiopatología se basa en la disminución de la respuesta inmunitaria y la facilidad de entrada de patógenos al torrente sanguíneo.
La exploración física debe orientarse a detectar precozmente signos de infección y compromiso hemodinámico, valorando los signos vitales, la piel y mucosas, el aparato respiratorio, el abdomen, el sistema urinario y los dispositivos invasivos. Las manifestaciones clínicas más habituales incluyen fiebre o hipotermia, taquicardia, hipotensión, alteración del estado mental, oliguria e hipoxia. El diagnóstico precoz se establece ante una infección sospechada o confirmada con disfunción orgánica (SOFA ≥ 2), apoyándose en herramientas como el qSOFA, el lactato sérico y los hemocultivos, fundamentales para valorar la gravedad e identificar el agente causal.
El tratamiento debe iniciarse durante la primera hora, incluyendo la obtención de cultivos, el inicio de antibioterapia de amplio espectro, la fluidoterapia con cristaloides y el uso de vasopresores si persiste la hipotensión, ajustando posteriormente el tratamiento según los resultados microbiológicos y añadiendo cobertura antifúngica cuando esté indicada. Las intervenciones enfermeras son esenciales e incluyen el control de infecciones, la monitorización de signos vitales, la administración precoz de la medicación, el manejo del acceso venoso central, la vigilancia del balance hídrico, el soporte circulatorio y el manejo del shock, con el objetivo de detectar precozmente el deterioro clínico y prevenir complicaciones como el fallo multiorgánico y la muerte.
