TEMA 1. BRONQUIOLITIS


La bronquiolitis es una infección viral frecuente en menores de 2 años, especialmente durante los meses de noviembre a abril, siendo el virus respiratorio sincitial (VRS) el agente causal más habitual. La valoración inicial debe seguir el esquema ABC (vía aérea, respiración y circulación), prestando especial atención a prematuros, menores de 3 meses y pacientes con comorbilidades. La exploración se centra en la frecuencia respiratoria, el trabajo respiratorio, la presencia de tiraje, aleteo nasal, sibilancias y estertores, así como el estado general, alimentación e hidratación. Son signos de alarma las apneas, bradipnea, intolerancia oral, hipoxemia y signos de insuficiencia hemodinámica.

La gravedad se clasifica en leve, moderada o grave según la alimentación, frecuencia respiratoria, trabajo respiratorio y saturación de oxígeno (SpO₂). El tratamiento es principalmente de soporte, incluyendo higiene nasal, aspiración suave cuando exista obstrucción, mantenimiento de una adecuada hidratación y alimentación, y oxigenoterapia cuando esté indicada. En cuadros moderados o graves puede ser necesario alto flujo o CPAP, mientras que ante deterioro respiratorio o apneas recurrentes se debe preparar soporte ventilatorio. Los broncodilatadores pueden probarse según protocolo y respuesta clínica, mientras que corticoides y antibióticos no se recomiendan de rutina, salvo indicaciones específicas. La enfermería debe realizar una monitorización estrecha, registrar balance hídrico y administrar los tratamientos prescritos.

El ingreso hospitalario está indicado ante apneas, hipoventilación, intolerancia oral, deshidratación, hipoxemia persistente, frecuencia respiratoria muy elevada o factores de riesgo. El ingreso en UCI se plantea ante insuficiencia respiratoria progresiva, hipercapnia con acidosis, apneas recurrentes no controladas o necesidad de intubación. Entre las principales complicaciones destacan apneas, ventilación mecánica, otitis media, neumonía, miocarditis, arritmias y SIADH. Para el alta domiciliaria debe existir mejoría clínica, alimentación adecuada, ausencia de deshidratación y una SpO₂ dentro del objetivo, además de una familia formada en lavados nasales, signos de alarma, higiene de manos y prevención de exposición al humo del tabaco.