TEMA 12. ALGORÍTMOS Y CASOS CLÍNICOS EN LAS PRINCIPALES PATOLOGÍAS URGENTES INFANTILES


La bronquiolitis es una infección respiratoria del lactante cuyo diagnóstico es fundamentalmente clínico; las pruebas complementarias no son rutinarias en cuadros no complicados. El tratamiento se basa principalmente en medidas de soporte, especialmente oxígeno si existe hipoxemia y mantenimiento de una adecuada hidratación y alimentación. Los broncodilatadores, adrenalina nebulizada y corticoides no deben utilizarse de forma rutinaria, mientras que los antibióticos solo están indicados ante sospecha de sobreinfección bacteriana. En el síndrome febril, la edad es determinante: en menores de 1 mes se requiere estudio completo, ingreso y antibioterapia empírica; entre 1 y 3 meses debe realizarse una estratificación del riesgo, y en lactantes pequeños una fiebre ≥38 °C requiere especial atención porque una exploración normal no excluye una infección bacteriana invasiva.

La meningitis pediátrica constituye una urgencia que requiere reconocimiento precoz, valoración neurológica y tratamiento antimicrobiano rápido cuando existe sospecha de infección bacteriana. Los signos de alarma incluyen fiebre, cefalea, vómitos, somnolencia o alteración de conciencia, irritabilidad, convulsiones y signos de hipoperfusión. La ITU es una causa frecuente de infección bacteriana oculta en lactantes febriles y su diagnóstico combina clínica, análisis de orina y urocultivo, siendo fundamental obtener una muestra adecuada, preferentemente mediante cateterismo o punción suprapúbica en lactantes no continentes. El tratamiento depende de la gravedad: las ITU afebriles pueden tratarse por vía oral, mientras que las febriles graves, pielonefritis o sepsis urinaria pueden requerir antibioterapia IV y soporte hemodinámico.

En el escroto agudo, la prioridad es detectar precozmente una torsión testicular, por lo que enfermería debe valorar signos vitales, colaborar en la exploración, mantener al paciente en ayunas, canalizar una vía, administrar analgesia y preparar la ecografía o la cirugía cuando corresponda. La ictericia neonatal, la estenosis hipertrófica del píloro y la onfalitis también requieren vigilancia estrecha: en la estenosis, los vómitos proyectivos y no biliosos con hambre posterior orientan al diagnóstico, que se confirma mediante ecografía, y la corrección hidroelectrolítica precede a la piloromiotomía. En la onfalitis, el eritema progresivo, edema, secreción purulenta y mal olor pueden evolucionar a sepsis neonatal, por lo que las formas moderadas-graves requieren valoración urgente, antibióticos IV y monitorización. En todos estos cuadros, el papel de enfermería se centra en la valoración ABCDE, monitorización continua, control del balance hídrico, administración segura del tratamiento, detección precoz del deterioro y educación familiar.