TEMA 2. SÍNDROME FEBRIL


El síndrome febril pediátrico requiere una valoración adaptada a la edad del niño, ya que el riesgo de infección bacteriana invasiva varía considerablemente entre grupos. En los menores de 1 mes, el riesgo es especialmente elevado, pudiendo existir meningitis sin signos neurológicos evidentes, por lo que se recomienda una valoración ABCDE, exploración física completa y realización de hemograma, PCR, procalcitonina, hemocultivo, urocultivo y punción lumbar cuando esté indicada. Estos pacientes requieren ingreso hospitalario, monitorización estrecha y antibioterapia empírica IV tras la obtención de muestras, además de soporte hídrico y nutricional según necesidades.

Entre 1 y 3 meses, aunque la mayoría de las fiebres son virales, persiste un riesgo relevante de infección bacteriana invasiva. La valoración incluye exploración completa y aplicación de criterios de bajo riesgo, como los criterios de Rochester, junto con hemograma, marcadores inflamatorios, hemocultivo y urocultivo. Si el lactante presenta buen estado general y bajo riesgo, puede considerarse el alta domiciliaria con seguimiento estrecho; si existe clínica dudosa, factores de riesgo o no cumple criterios de bajo riesgo, se recomienda ingreso y antibioterapia empírica. Entre 3 y 36 meses, la valoración se centra en el estado general, intensidad y duración de la fiebre, vacunación y búsqueda de foco infeccioso, pudiendo realizarse analítica, cultivos, radiografía de tórax o punción lumbar según la clínica.

En los mayores de 3 años, la mayoría de los episodios febriles presentan un foco clínico identificable, pero siempre deben descartarse sepsis y meningitis ante alteración del estado general o signos meníngeos. Si el niño está en buen estado y la fiebre es de corta duración, puede realizarse observación domiciliaria y tratamiento sintomático, mientras que la presencia de signos de gravedad o fiebre sin foco puede requerir ingreso, pruebas complementarias y tratamiento antibiótico empírico. Las principales intervenciones de enfermería en todos los grupos incluyen la monitorización de constantes, correcta obtención y manejo de muestras, administración y vigilancia de la medicación, apoyo en procedimientos como la punción lumbar, control del estado de hidratación y educación a la familia sobre cuidados y signos de alarma.