La meningitis pediátrica es una urgencia médica que requiere reconocimiento y tratamiento precoz para evitar secuelas neurológicas y mortalidad. La presentación varía según la edad: en neonatos y lactantes predominan síntomas inespecíficos como fiebre o hipotermia, irritabilidad, letargia, rechazo de tomas, vómitos, fontanela abombada, apneas y convulsiones, mientras que en niños mayores son más característicos la cefalea intensa, rigidez de nuca, fotofobia, vómitos, alteración de conciencia y exantema petequial o purpúrico. La valoración inicial debe seguir el esquema ABCDE, identificando especialmente shock, sepsis, hipertensión intracraneal, alteración neurológica y dificultad respiratoria.
El diagnóstico incluye hemograma, bioquímica, glucemia, PCR, procalcitonina, gasometría, lactato, coagulación y hemocultivos, además de pruebas microbiológicas específicas. La punción lumbar (PL) permite analizar LCR mediante citología, glucosa, proteínas, Gram, cultivo y PCR, pero debe evitarse o realizarse tras neuroimagen cuando existen signos de hipertensión intracraneal, focalidad neurológica, deterioro rápido, papiledema, determinadas convulsiones o factores de riesgo. El tratamiento antibiótico debe iniciarse antes de que transcurra una hora si existe alta sospecha, sin retrasarlo por las pruebas diagnósticas. En neonatos se utilizan combinaciones como ampicilina + gentamicina o cefotaxima, mientras que en mayores de 1 mes se emplea ceftriaxona o cefotaxima, añadiendo vancomicina en determinadas situaciones. Puede añadirse aciclovir si existe sospecha de encefalitis herpética y dexametasona junto con la primera dosis antibiótica en casos seleccionados.
Los cuidados de enfermería se centran en la monitorización continua, control del Glasgow pediátrico, perfusión, diuresis y glucemia, así como en la obtención correcta de muestras y administración segura de la medicación. Es fundamental mantener un balance hídrico estricto, controlar la oxigenación y perfusión y tratar rápidamente convulsiones, hipoxia e hipotensión, ya que pueden empeorar el pronóstico neurológico. Los pacientes con shock séptico, púrpura fulminante, Glasgow disminuido, convulsiones refractarias, hipertensión intracraneal o necesidad de ventilación mecánica o drogas vasoactivas requieren UCI pediátrica. Además, ante meningococo o Haemophilus influenzae se aplicará aislamiento por gotas, se realizará profilaxis de contactos y la correspondiente notificación epidemiológica.
