TEMA 9. URGENCIAS GASTROINTESTINALES


La gastroenteritis aguda (GEA) es un proceso frecuente en pediatría caracterizado por diarrea y vómitos de inicio súbito, con riesgo principal de deshidratación. Es más frecuente en menores de 2 años y suele ser de origen vírico (principalmente norovirus y rotavirus), aunque también puede ser bacteriana o parasitaria. La gravedad depende sobre todo del grado de deshidratación y estado hemodinámico: leve (<5% de pérdida de peso), moderada (5–10%) y grave (>10%), con signos como mucosas secas, ojos hundidos, ausencia de lágrimas, oliguria, letargia, hipoperfusión e hipotensión tardía. La valoración debe seguir el ABCDE, controlando conciencia, respiración, circulación, glucemia y signos de deshidratación.

El tratamiento se basa en la rehidratación oral, especialmente en la deshidratación leve-moderada, administrando pequeñas cantidades frecuentes y realizando realimentación precoz, manteniendo lactancia materna y alimentación habitual adaptada. La rehidratación intravenosa está indicada si fracasa la vía oral, existe deshidratación grave o shock, con bolos de 10–20 ml/kg de suero fisiológico y reevaluación continua. El ondansetrón puede utilizarse en el ámbito hospitalario cuando los vómitos impiden la rehidratación oral, mientras que los antibióticos no se administran de rutina y se reservan para situaciones concretas. No debe utilizarse loperamida. Es importante controlar glucemia y cetonemia, ya que pueden aparecer hipoglucemia y cetosis.

El dolor abdominal pediátrico puede ser agudo o crónico y tiene causas muy variadas según la edad y localización. Debe diferenciarse entre cuadros benignos y urgencias quirúrgicas, valorando características del dolor, vómitos, fiebre, alteraciones de las deposiciones y signos de peritonismo. Destacan la invaginación intestinal, típica entre 2 meses y 2 años, con dolor brusco, vómitos y heces en “jalea de grosella”, y la apendicitis aguda, con dolor inicialmente periumbilical que migra a la fosa ilíaca derecha. Por otra parte, el rechazo del alimento en lactantes es frecuente y suele ser transitorio; puede deberse a causas orgánicas (infecciones, alteraciones digestivas, respiratorias, metabólicas o medicamentos) o psicológicas. El manejo consiste en tratar la causa, evitar forzar al niño, ofrecer el pecho a demanda y proporcionar apoyo y educación a la familia.