La punción lumbar es un procedimiento invasivo que consiste en introducir una aguja en el espacio subaracnoideo lumbar para obtener líquido cefalorraquídeo (LCR), medir su presión o administrar medicamentos y anestésicos. Sus principales indicaciones incluyen el diagnóstico de infecciones del sistema nervioso central, hemorragia subaracnoidea y enfermedades neurológicas, así como el alivio de la hipertensión intracraneal en situaciones concretas. La técnica requiere condiciones estrictas de asepsia, correcta colocación del paciente en decúbito lateral o sedestación y colaboración estrecha con el equipo médico. Tras la punción, es fundamental vigilar la aparición de cefalea, alteraciones neurológicas o signos de complicaciones, recomendando reposo en decúbito supino e hidratación si no existe contraindicación.
La monitorización de la presión intracraneal (PIC) permite valorar de forma continua la presión dentro del cráneo y detectar precozmente la hipertensión intracraneal, una complicación potencialmente grave en pacientes neurológicos. El método más preciso es el catéter intraventricular, que además de medir la PIC permite drenar líquido cefalorraquídeo cuando es necesario. Los objetivos principales son mantener la PIC dentro de valores normales, preservar la presión de perfusión cerebral (PPC), prevenir lesiones cerebrales secundarias y evaluar la respuesta al tratamiento. Durante la monitorización es imprescindible calibrar correctamente el sistema, registrar las mediciones, controlar el drenaje de LCR y mantener una estricta vigilancia de posibles signos de infección o deterioro neurológico.
La enfermería desempeña un papel esencial en ambos procedimientos mediante la preparación del material, el mantenimiento de la técnica estéril, la monitorización continua del paciente y la detección precoz de complicaciones. En pacientes con monitorización de PIC, los cuidados incluyen mantener la cabecera elevada entre 30-45°, conservar el cuello en posición neutra, minimizar estímulos que aumenten la presión intracraneal, controlar la presión arterial y la respuesta neurológica, así como comunicar de forma inmediata cualquier elevación mantenida de la PIC o signos de infección. Una vigilancia continua y unos cuidados protocolizados son fundamentales para mejorar el pronóstico y prevenir complicaciones neurológicas graves.
